Agua fría y agua caliente

Es cuando uno se baña cuando se da cuenta que todas los objetivos que uno quiere alcanzar deben hacerse poco a poco. Nada se hace de la noche a la mañana: ni un árbol, ni un pájaro, ni una mesa. Lo confirmé mientras me bañaba la otra mañana. Siempre acostumbro al final bañarme sólo con agua fría, porque dicen que templa los nervios y los tranquiliza, pero lo que hago siempre es poner la llave en el máximo de agua fría y meterme debajo de la regadera. Obviamente aquello resulta insoportable, no hay quien lo aguante, y termino dando un salto hacia atrás. Sin embargo, la mañana que refiero decidí hacerlo gradualmente, poco a poco, así que abrí un poco la llave de agua fría y me puse debajo, la sentí fría pero soportable. Cuando sentí que el agua fría ya no me parecía tan fría, pues mi cuerpo se había acostumbrado, abrí un poco más la llave. El agua fue más fría, pero seguía soportable. Repetí la misma operación hasta que tuve toda la llave de agua fría abierta. La sentía fría, pero nunca como otras veces en que la abría toda y me metía de súbito, saltando como un chapulín hacia atrás. Estuve debajo de la regadera algunos minutos y entonces pensé en lo importante que es hacer las cosas poco a poco, y sin desesperarnos, incluidos los trabajos más insignificantes, como cortar el pasto, podar un árbol o barrer el patio. No hay que esperar al último minuto para hacer nuestros deberes, porque seguramente nos frustraremos al ver que no pudimos terminarlos.

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