Bajar la vista

Si no quieres preocuparte por el mundo, si no quieres que la vida te afecté hondamente, no levantes la vista, no veas en perspectiva desde lo alto, no pongas las manos en visera. Donde estés, quédate siempre con la vista hacia abajo, descansada en tu mano, reposada en tu antebrazo, sobre un libro, debajo de tus zapatos, acaso en tu teléfono celular, las teclas o los símbolos, pero no la levantes nunca, y si acaso lo haces por un descuido, bájala de nuevo rápidamente, no es necesario levantar la vista para poder caminar, basta con que mires unos centímetros hacia arriba y adelante y será suficiente para no contrariarte con un poste o un transeúnte. Entonces serás feliz, te sentirás honrado en el mundo que se derrumba, único, merecedor de todo cuanto existe, y jamás pensarás que realmente todo lo que acaba es lo que gobierna nuestras vidas.

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