Best-seller

Antes se trataba nada más de escribir un buen libro, no importa que no lo publicaras en vida o lo publicaras en una editorial desconocida. Luego fue no sólo escribir un buen libro, sino publicarlo en una editorial de prestigio. Después ya no fue sólo publicar un buen libro –bien escrito, ¡por Dios!– en una editorial de prestigio, sino además que tu libro fuera reseñado una, dos, diez mil veces, de ser posible. Luego ya no bastó publicar un libro bien escrito en una editorial de prestigio, acompañado de reseñas escritas por reseñistas reputados, ahora también tenías tú que modelar en calzones por la orilla de la playa mostrando la portada de tu libro a todos los bañistas. Todo esto para conseguir convertirte en un bestseller. Así está el mundo y qué se le va a hacer. Yo, por lo pronto, sigo con la convicción de que lo que más importa es escribir un buen libro, aunque –acá entre nos– siempre me ha seducido la idea de apretar contra mi pecho el más reciente de mis ejemplares y luego salir corriendo con él por todas las calles de mi barrio. Encuerado.

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