Bukowski

Yo también creo, como Bukowski, que no son las grandes tragedias, esas trombas que nos cortan de súbito por la mitad, o en cientos de pedazos, sino, más bien, el cúmulo (uno tras otro, como los puñados de tierra que arrojamos sobre las tumbas), lo que nos manda al manicomio o a la muerte. Pequeños cortes que cortan los cientos de cordones que nos sostienen en pie, hasta que caemos como caen, desde lo alto, los árboles o los pájaros. Lo dijo Bukowski: “con cada cordón que se rompe/ de los cientos de cordones rotos,/un hombre, una mujer, una cosa/entra en el manicomio./Así que tened cuidado/cuando os dobleguiés”. Eso es lo mismo que yo les digo ahora: tened cuidado cuando os dobleguéis.

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