Colesterol

Doctor, siento por esta vez no complacerlo. Entiendo que tener alto el colesterol es un riesgo para mi cuerpo, podría derrumbárseme a la menor provocación, quedando todas mis arterias de bruces a mitad de la calle, todo es lo entiendo, pero siento, le digo, por esta vez no poder complacerlo, ha sido usted muy temerario al pedirme que deje de consumir huevo, ¿realmente sabe lo que usted me está pidiendo? No lo sabe, doctor, no sabe que los huevos son como una prolongación de mi cuerpo, una parte esencial de mi vida, por eso los consumo a diario, y a veces dos veces al día, en las mañanas refritos o cocidos o revueltos con jamón o a la mexicana, incluso en tortilla francesa con champiñones y queso gratinado, y en las noches, a altas horas de la noche, en sándwich, nada mejor que interrumpir la escritura cuando ya todos duermen en casa, doctor, ir a la cocina en penumbras, encender la lamparita y prepararme un huevo sancochado en aceite de oliva que meto en medio de dos panes blancos, con un poco de mayonesa por ambas caras y a veces un pedazo de tocino, un pedazo de tocino dorado, grande, doctor, para luego comérmelo mirando a través de la ventana, desde lo alto de la colina donde vivo, las luces de la ciudad y los coches que se pierden a lo lejos, qué gran espectáculo, doctor, mientras me como mi sándwich de huevo, ¿y usted me pide que deje de consumirlo y que busque otras alternativas? Es como si yo le pido que deje a la mujer que ama y la cambie por otra, o al hijo predilecto sustituirlo por el hijo del vecino, por eso le digo que usted no sabe lo que dice, así que siento por esta vez no complacerlo, asumo las consecuencias y me voy, de ser necesario, de este mundo cruel con la convicción de haber hecho lo correcto, aun a pesar mío.

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