Destinos

El camino es el que va en ti, no tú en el camino. El camino es el que te recorre, avanza hacia dentro sin voltear la vista, no tú el que lo recorre a él, ni tú el que en él te pierdes. Tú estás siempre inmóvil en el mismo lugar, guardando el equilibrio con tus dos brazos extendidos hacia fuera, mirando al frente, mientras el camino, debajo de tus pies, avanza, pasa por tu sangre, deja unas palabras tibias (ecos del porvenir) en tu cuerpo. Tú eres como los árboles: que nacen y mueren en el mismo sitio. Tú, en realidad, no vas a la busca de tu destino, el destino viene a la busca de ti. Por eso: no desesperes. Las puertas que se cierran: no las cierras tú. Las puertas que se abren: tampoco tú las abres. Tu trabajo consiste nada más (aquí, allá) en cerrar los ojos, abrir tu corazón: y no caer.

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