El deseo impostergable

Los seres humanos no dejamos de desear. Esa es una de las características que nos define. Siempre estamos deseando y, entre más conseguimos eso que deseamos, deseamos más. No nos saciamos. Empezamos deseando una casa de dos habitaciones, con un pequeño jardín, un baño, una ventana, y al cabo de los días o meses de vivir en ella, ya estamos deseando una más grande, con tres habitaciones, dos baños, un par de ventanas, un jardín trasero. Si logramos mudarnos a ésta, entonces, al cabo de los días o meses también, por una razón que somos incapaces de explicarnos, iniciamos una nueva cruzada y deseamos otra casa aún más grande, ya no sólo con cuatro habitaciones, sino con dos pisos, alberca, balcón, un jardín grande, tres baños, dos comedores (el de uso diario y aquel que usamos cuando tenemos invitados), además de cambiar el carro por uno nuevo y comprar otro, porque entre más grande se hace nuestro deseo, más se incrementan nuestras necesidades, de tal modo que un día nos vemos trabajando todo el día, todos los días, sin descanso siquiera los fines de semana, no sólo para mantener cada uno de esos objetos que han conseguido esclavizarnos, sino para ahorrar para aquellos con que pretendemos reemplazarlos al cabo de unos días o meses: ahora una casa en la playa, otra en la montaña, una lancha para la casa de la playa, una camioneta cuatro por cuatro para la de la montaña, otro par de comedores, otro par de salas, guardarropa de playa, guardarropa de montaña, todo eso sin darnos cuenta que para disfrutar de tales placeres sólo nos quedan cinco, diez, cuando mucho quince días al año, pues el resto del tiempo lo utilizamos, ya lo sabemos, para pagarlos.

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1 comentario en “El deseo impostergable”

muy buen artículo, aunque esta idea ya la he leído antes a través de otros escritores, no deja de causar siempre un efecto en mí, ahora la pregunta es: ¿por qué el ser humano no es capaz no de reflexionar esto, sino de enderezar el camino torcido aún sabiendo que está mal?

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