El gobierno y el pueblo

En El libro del hombre de bien, Benjamín Franklin nos desvela pasajes entrañables de su vida, su infancia y juventud, el camino de su formación. Quien lo lea se dará cuenta, entre otras cosas, de la importancia que tiene el estudio, la disciplina y la perseverancia. Franklin, lo recuerdo bien, hacía listas de sus rutinas, enumeraba sus objetivos y no desistía hasta alcanzarlos. Leer El libro del hombre de bien ha sido para mí, en ese sentido, una revelación, pero no sólo por haberme desvelado la intimidad del hombre que fue Franklin, sino también por sus ideas políticas, su concepción de lo que debe ser la función del gobierno y la participación del pueblo, etcétera, que no por otra razón le dieron el honor de ser considerado uno de los padres fundadores de los Estados Unidos. Casi al final de El libro del hombre de bien, Franklin escribe, de forma sencilla, como siempre, pero no por ello menos profunda, sobre la eficacia de todo gobierno, y dice: “una gran parte del poder y de la eficacia de todo gobierno para procurar y asegurar la dicha del pueblo depende del conjunto de la opinión, de la opinión general que pueda formarse a favor de la bondad del gobierno, como también de la sabiduría y de la integridad de los que gobiernan.” En síntesis, si no creemos en el gobierno que tenemos y nuestra opinión es adversa con respecto a la integridad de los que gobiernan, jamás podrá ser conseguida la dicha del pueblo, de quien depende el conjunto de esta opinión. Esto será así y no cambiará nunca ni aun cuando intentemos reprimir al pueblo, desterrarlo o desaparecerlo (práctica ahora muy común) para siempre.

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