El pan nuestro de cada día

Parado en la sección de frutas y verduras del supermercado imagino de pronto que todas las góndolas están vacías. En donde antes hubo jitomates frescos o plátanos maduros, hoy hay unas cuantas cebollas deslucidas. También están vacías las góndolas donde antes se exponía el limón, la fresa, el chayote. Es como si de pronto todos los productores se hubieran cansado de esa labor tan extenuante de producir, empaquetar y enviar, y nadie quisiera hacerse más cargo de sostener una empresa así. Con qué facilidad, pensaba mientras veía todo aquello lleno de frutas y verduras, uno viene, coge un kilo de plátanos, paga en la caja y se larga. Nunca me había puesto a reflexionar en algo así. Por eso esta vez me conmueven los mangos apergaminándose en las góndolas. Mangos que han venido desde mi país, que fueron cortados por una mano ciertamente humilde, luego seleccionados por otra, luego otra más revisó que no llevaran plaga, por otra fueron empaquetados, otra estampó los sellos de calidad, una más los hizo subir a un avión o barco, otra rellenó la orden para que se fueran, y por fin ahí están, en un supermercado de Nueva Zelanda, a miles de kilómetros de distancia, frente a mí, listos para que los meta en la cesta. Pero como su precio es alto, son pocos los que pueden comprarlos, y los mangos ahí están pudriéndose, sin llegar a cumplir su cometido final. Los veo como el que se despide de algo muy suyo y, al darme la media vuelta, no puedo evitar hacer un esfuerzo y comprar dos, tres, cuatro. Vienen de mi país, además. Y aunque voy contra el rígido presupuesto de mi mujer, esta vez no me importa porque con este simple acto siento que estiro mi mano derecha y aprieto con ella la de aquel hombre que cortó estos mangos allá del otro lado del mar. Salgo conmovido del supermercado, orgulloso de haber realizado este acto heroico, pero también triste de no poderle gritar a todos que salven a ese aguacate que se pudre, o a esas lechugas de hojas secas, o a esas uvas marchitándose en cualquier rincón, también, de nuestras vidas.

Periódico Ecos de la Costa

Escribe un comentario en este artículo

11 comentarios en “El pan nuestro de cada día”

muy bien!!, una simple compra ayudo a miles de familias mexicanas.

Falto mencionar las multiples normas comerciales que se imponen a nuestros productos.
PARA VALORAR

me gusto mucho este texto..es impresionante como de algo tan simple como unas frutas en una gondola puedes escribir la historia de este objeto que para la gran mayoria de personas simplemente pasaria por alto y solo podria pensar que ya deverian echarlo a la basura…muy bueno… : ))

Una vez más, me siento identificada con tu artículo. Hago lo mismo cuando estoy fuera. Hay manzanas de muchos lugares, pero tomo las argentinas; hay café de países inimaginables, pero tomo el mexicano y el colombiano. No me he topado con mangos mexicanos. A Europa, llegan de áfrica; y a Asia, del sudeste asiático. ¡Nada menos que de Filipinas! Con lo que me encantan los mangos de Manila.

Unicamente se me apreto el corazón cuando describes que apretaste la mano humilde de un cmpesino, por que campesino tambien soy y me siento muy orgulloso de serlo te felicito por tu reflesión como colimense y mexicano, exito

Javier C Bravo Magaña 15 julio ,2011 a las 6:50 pm

Platícanos algo de tu esposa e hijos.
Javier

hola, es verdad que hay mucha mano de obra para llevar una fruta a casa, y aún cuando no se pueda pagar un mango en el extranjero se que ya esta pagado y es un fruto exótico como la vida.

Que linda manera de solidaridad nostalgiada mi querido poeta,que no te quite la distancia el amor por tu gente y por tu pais.tu fiel lectora

QUERIDO ROGELIO: ESCRIBES Y TRANSPORTAS A LOS EXILIADOS JUNTO A SUS AFECTOS, QUE EMPIEZAN CON EL MANGO MARCHITO Y DE SEGURO, SE EXTIENDEN HACIA LUGARES, OLORES, SENSACIONES DE TU HERMOSO PAÍS.UN ABRAZO LEJANO DE CARMEN LA CUENTA CUENTOS.

En la última línea pasas de reportaje a literatura. Vale.

¿Qué puedo decirte, Rogelio? En casa tengo un joven árbol de mangos de 20 años de edad. Dá durante 3 meses mangos deliciosos. Nos cansamos de comer mangos y se congelan para las aguas frescas, es orgánico, no dejo que le pongan agroquímicos. Sí, es caro el mango en donde estas y europa. En el voluntariado que hice, los europeos estaban facinados ocn el fruto amarillo. En tu país, en mi país desaprovechamos la tierra y lo que producen los campesinos para los nacionales. Los consumidores locales prefieren ir a las tiendas de autoservicio-supermercados- a comprar sus mangos de otros estados de la república, olvidando que en Colima se produce mango. Espero que en tu casa tengas en macetas tés para autoconsumo. A tu salud comeré aguacate hass mañana en una carne asada . Saludos.

la verdad es que mientras en nuestro pais se tira la fruta ya ni caso le hacemos en otros paises la venden como oro, que cosas tiene la vida? simplemente el limón,la naranja,la piña,guayaba, etc… ya hasta nos enfada. pero que le vamos a hacer ya cuando no la tengamos es cuando s nos va a antojar, asi somos, jajajaj, un saludo.

Comentarios