El paradero es caminar

De un tiempo a esta parte he aprendido (yo, que poco aprendo ya) a no ir tan de prisa ni tan lejos. De un tiempo a esta parte, por ejemplo, me detengo en las esquinas del barrio, los arcos de las plazas, los corredores de la universidad a capturar sombras, siluetas, rasgos, gestos, tics o manías de la gente. Soy como esa camarita que encuentra uno en los bancos o centros comerciales y que observa a todos sin ser observada, con la diferencia de que yo me entristezco de ciertos rostros ateridos o me alegro de otros más osados, vivo, doy una pata, pago mis impuestos, soy un nudo de distancias. De un tiempo a esta parte, nada me es mejor que no llegar a ningún lado, sólo caminar, vagar, irme deteniendo por ahí en las esquinas del barrio, los arcos de las plazas, los corredores de la universidad a capturar sombras, siluetas, rasgos, gestos, tics o manías de lo que fui o tuve, de aquello que seré o tendré, de esto que soy o tengo, aquí, pasadas las dos de la madrugada, a solas conmigo y, por supuesto, sin tenerme.


Ecos de la Costa

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2 comentarios en “El paradero es caminar”

Querido Rogelio, claro que el paradero es caminar. Y a veces sin moverse de un lugar, porque el sitio emocional es otro. Cómo me encuentro siempre en tus palabras, en esa vibración de tus poemas con una cualidad de metal bien templado y aura líquida. Es un placer siempre encontrarte, aunque sea en la lejanía de la Red. Un abrazo de tu amigo Joaquín Pérez Azaústre

gracias, Joaquín. Siempre será un gusto recibir palabras del hermano español.
Ojalá volvamos a encontrarnos pronto, en cualquier lugar, o paradero, caminando.

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