El que tenga oídos para escuchar

EL QUE TENGA OÍDOS PARA ESCUCHAR…
En México la peor crítica es, obviamente, maniqueísta: si escribes bien sobre la acción realizada por un gobierno o una institución educativa, entonces seguramente te pagan por ello; si, por otro lado, criticas una acción realizada por un gobierno o una institución educativa, entonces seguramente te dejaron de pagar por ello. Si criticas mientras cumples una función laboral, una función laboral y no una “prebenda”, entonces eres un traidor. Si te quedas callado, entonces eres un blandengue. Errores de la ilusión: en un mismo día, un mismo sujeto, puede ser un traidor, un blandengue, un corrupto y un resentido. En México la peor crítica, la crítica de ayer, no se ha dado cuenta de que una nueva realidad no sólo trae consigo una nueva conciencia sino, además, una distinta sintaxis. Pifias de la lucidez: en un mismo párrafo se pueden confundir términos como amistad, deslealtad, verdad, ingratitud, capacidad, probidad e integridad. Lo que sí no hay que olvidar es que, a veces, “lavándonos las manos nos ensuciamos la conciencia”, y de que lo que hoy es pequeño, mañana es grande, o lo que hoy es local, mañana puede ser nacional. Nadie se salva en este mundo donde ya nada puede ocultarse y donde todos llevamos en la frente, a la vista de tirios y troyanos, nuestras señas de identidad. Por eso, las nuevas generaciones, o al menos aquellos que quieran realmente abonar algo trascendente a su época y a sí mismos, deben sólo aferrarse a la verdad y actuar en consecuencia. Porque la verdad, como se sabe, es insobornable y, de paso, te hace libre.

Ecos de la Costa


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