El vendedor de mandarinas

El otro día me quedé dentro del carro para esperar a mi mujer, que había bajado a comprar un pastel en la avenida Ignacio Sandoval. No podía quedarme con la ventanilla cerrada y el aire acondicionado encendido porque tenía la garganta congestionada y eso me mataría, así que apagué el aire acondicionado y dejé la ventanilla abierta. El sol me pegaba de lleno en la cara y brazo derecho, como un golpe en la nuca.  Mi mujer empezó a tardarse y yo a desesperar, hasta arrancarme los cabellos. En ese instante pasó por mi lado un anciano llevando un diablito con dos rejas de mandarinas. Se detuvo a mi puerta ofreciédomelas. Volteé un poco atribulado y lo vi. Vi el sol, todo el sol, sobre sus casi ochenta años, y aunque parecía que, de un momento a otro, lo sepultaría hasta el fondo de la tierra, el pobre hombre ni se atribulaba, impertérrito como estaba frente a mí, esperando un gesto de consentimiento. Primero le dije que no, pero, cuando apenas había avanzado dos pasos en retirada, cambié de opinión.  Entonces le hice una seña con la mano y, arrepentido de mi prepotencia, le compré dos bolsas de mandarinas. El hombre cogió los veinte pesos y se dio la media vuelta, yéndose. Una vez que me cercioré de que ya no podía verme, puse firmemente el brazo sobre la base de la puerta, ladeé el rostro hacia la ventanilla y dejé que el sol, sobre mi piel, terminara de imprimirme su enseñanza.

AFmedios

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18 comentarios en “El vendedor de mandarinas”

Qué belleza de texto. Suficiente para sacudír el alma y acelerar la marcha. Gracias por abrír el 2011 con tus llaves de plata. Saludos desde la costa.

Los momentos cotidianos que nos hacen reflexionar sobre una gran cantidad de cosas; debemos aprender a agradecer y dejar de quejarnos…
Saludos Rogelio, buen inicio de año!!

Me gusto mucho, siempre haces q me transporte y viva el momento, tal como si estuviera ahi, gracias por eso! Saludos.

Antonio Morentín 8 enero ,2011 a las 1:15 am

Enseñanza clásica, de la vida urbana, todo es relativo hermano, todo es relativo, incluso lo relativo, saludos! un fuerte abrazo! feliz año nuevo!

Un texto radiante, Rogelio.
Besos

Bonito impulso, Rogelio. Qué bueno que cediste. No sabía que fueras tan impulsivo.

Javier

muy lindo tu texto, me gusto mucho, espero sigamos en contacto
asba

Gracias, corto y sabroso como las mandarinas.
Lilian

HOLA AMIGO: TU ENCUENTRO CON LAS MANDARINAS, EL ANCIANO ASOLEADO Y APACIBLE SOPORTANDO EL ACHAQUE, Y LA CLÁSICA Y MOLESTA DEMORA FEMENINA…UN RETRATO REAL, NÍTIDO DE UN INSTANTE QUE PASA. ! SIGUE GRABANDO CAMINOS, QUE ME GUSTAN! AFECTOS DE CARMEN LA CUENTACUENTOS.

Conmovedor y fuerte!
Que bueno tomar conciencia de que la vida es más difícil para otros!
Ojalá y no solo nos doliéramos de esa realidad, ojalá y pudiéramos ser más generosos!
Gracias Rogelio.

Qué hermso este texto, por su final poético por la enseñanza. Saludos Rogelio.

Moraleja moraleja a veces nos cuesta tanto ablandar el corazón….Te felicito hijo,un beso

Hola Royer, la mandarina es de madurez invernal, el frío y los ancianos son casi incompatibles, la vitamina C de este fruto es parte de la complicidad que el organismo humano y natura acuerdan; ojalá tu familia y tú mismo hayan comido de este cítrico tan chabocho, que además, inmuniza de algunos padecimientos de esta temporada. Lo más irónico es que el anciano ni las prueba, para él son inaccesibles en su canasta básica.
Me hizo recordar un cuentecito de Gustavo Lupercio llamado “Mi Novia vende flores”, lo podrías leer en el Ágora que coordine del año 80 al 95, ardua labor.
Te he buscado para una foto que necesito para cuestiones de trabajo, espero que sea este año. Salud y bienestar literario.

Me da gusto que por su sencillez, se haya comapdecido del señor que vendía mandarinas ya que hace la aclaración que al prinicipio se había negado comprarle, felicito que tenga esa grantitud, además que es un frutuo saludable, saludos

Ricardo Castillo 10 enero ,2011 a las 1:16 pm

Buen pulso, Rogelio, suave en la luz y con pegada en la sombra. Un gusto leerte. Un abrazo.

Saludos. Buen texto.

Elsaí González 10 enero ,2011 a las 8:30 pm

Rogelio, cuando te pase algo parecido no sólo le des el “costo” de las mandarinas sino un poco más, a veces tu servidora cuando anda en los camiones urbanos los sordomudos pasan a ofrecerte el dulce, y por supuesto que le doy una moneda, pero no acepto el dulce.Hay que ser dadivosos con la gente que realmente necesita un peso para comer.

Te cuento que el mismo 31 de diciemb mi hermana quien tiene en la cochera de tu casa una fonda, preparaba la cena, yo estaba con ella, un indigente cuarentón se paró a pedir un taco, la hermana me miró y dijo” aún no está la comida, dale unas monedas”, en seguida pensé en la comida que prepara para vender y suele tener en el refrigerador, le dije al sr. ” espereme”. Entonces con muchas ganas, le calenté rajitas de pollo con verduras, frijoles refritos, le di pan y refresco para dos personas. Al salir en su búsqueda el indigente vestido con harapos sucios, me dió las gracias, y dijo ” que tenga feliz año” . Ese fue mi regalo,saber que puedo dar un poco de lo que se tiene.

“Todo mundo puede dar aunque sea un abrazo, un apretón de manos”.
Ojalá des hasta el cansancio.

Gracias por compartir : )
Manzanillo, Colima

Es bello tu escrito y muestra la posibilidad de dejarnos aleccionar en la cotidianeidad de nuestras vivencias. Felicidades y espero seguirte leyendo.

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