Estas golondrinas ya no hacen verano

Lo primero que encontramos al abrir la puerta de la casa fue un regadero enorme de excremento de golondrina. Venía directamente de una viga del techo de la cocina. El hombre que nos mostraba la casa dijo: no se preocupen, hoy mismo lo arreglo, y miró con odio los nidos adheridos fuertemente al metal. No es necesario, dijo mi mujer. Yo podría limpiarlos, no hay problema. ¿De veras?, preguntó el incrédulo. Sí, adelanté yo. Vimos el resto de la casa y al final decidimos quedarnos con ella. Una casa vieja pero llena de corredores y ventanas, con un patio grande y a dos pasos del mercado y la plaza principal. La limpiamos y quedó como nueva. Lo siguiente fue contratar el teléfono a fin de evitar la completa incomunicación. Dos días después se presentó un hombre de Telmex. Dijo que venía a hacer la instalación. Tiene que salir de aquí y allá, el cable por aquí, cortar allá, quito esto, hay que poner lo otro, etcétera. Está bien, le dije. Tres o cuatro horas después, me tocó la puerta de la habitación para decirme que había terminado. Me enseñó el trabajo y, orgulloso, como si hubiera ejecutado un acto heroico, añadió: además, mandé a la chingada los nidos de las golondrinas. Miré hacia arriba y me encogí de hombros. ¿Cuánto va a hacer?, pregunté nomás por preguntar. Eso le vendrá en el primer recibo, dijo y se fue silbando. Me quedé con el esqueleto hecho una hilacha, pero igual seguí mi día normal, como todos los días. En la noche, mi hijo, que lo estuvo observando todo, empezó a llorar en el filo de la cama, parado frente al ventanal que da hacia la cocina. ¿Yeso?, pregunté. Me acerqué y vimos lo inesperado: dos golondrinas revoloteando en el techo en busca de sus nidos. Pegaban de un muro a otro, de una a otra viga, como intentando sobrevivir al turbión de orfandad. Al poco se detuvieron sobre un clavito que salía de la pared. El clavito más inmisericorde que hubiera visto en mi vida. Ahí, como pudieron, detuvieron su vuelo. Me dio una tristeza inusual, enorme, que no me cabía en el pecho. Maldije al hombre de Telmex, es cierto, pero también a la humanidad, que, a veces, no se da cuenta que por construir su propia casa, grande y ventilada, llena de corredores y cercana al mercado y la plaza, no le importa pasar por encima, como en los imperios, de la de otros.

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8 comentarios en “Estas golondrinas ya no hacen verano”

O sea que las Golondrinas también tiene derecho a tener su hogar y a vivir.

Ay, qué triste… Hay que aplicarse el cuento. Pobres golondrinas pero es verdad que cagan y joroban. Aquí tenemos el mismo problema con las palomas que nos dejan el portal hecho una lástima…

Carlos Ramiro Vargas 27 febrero ,2012 a las 10:14 am

un fuerte ABRAZO Rogelio. Hoy con la pena de mi hija Anaís, brasileña, 21, fallecida hace poco en un accidente automovilístico.

Es imposible quedar indiferente ante esta sensibilidad de relato.

Es muy larga la historia de nuestra alienación de la naturaleza. Larga y triste. Tiene que ver con que hemos dejado de considerar que la vida y la Tierra, la Madre que nos alimenta y alienta son cosas sagradas. En vez, hemos adoptado la visión soberbia de que lo que cuenta es el hombre, perdiendo la noción de que pertenece, así como las palomas, las golondrinas y la cagada a un ciclo vital. El guano de las aves sirve para alimentar las plantas, las plantas sirven para alimentar a la gente que también caga. Ya es tiempo de que nuestra visión cambie. Y es tiempo, porque si no cambia, nos va a pasar a todos lo que a las golondrinas de tu casa.

A lo anterior debo agregar que tienes una mujer admirable.

Alejandro Morales 28 febrero ,2012 a las 1:48 pm

(Al) Vuelo detenido. ¿Y Carlos Slim sabrá lo que andan haciendo sus trabajadores? Salud(os).

Disfruto mucho de todo lo que usted escribe, no me deja de impresionar la capacidad de desarrollar un texto tan lleno de vida y sentimientos apartir de cosas tan simples…de la vida cotidiana… gracias por compartir su talento…

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