Esto también es México

 Uno olvida con frecuencia que la vida tiene dos caras. Tan simple como esto: una cara buena y una cara mala. Uno también olvida que todas las cosas de la vida (las calles, los viajes, la mujer, los aires) no pueden ser una cara mala todos los días, cada día, ni una buena, siquiera. El día que empezó bien puede acabar estrepitosamente mal. O viceversa. Con estos pensamientos salí aquella mañana del departamento en el que me hospedaba en Ciudad de México. Caminé la avenida rumbo al metro Niños Héroes y me detuve en un puesto de jugos. El puesto acababa de abrir y lo atendía una mujer chaparrita, de mirada más bien serena, aunque brillante. Estaba sola, exprimiendo unas naranjas. Apenas me vio, me dijo buenos días. Bueno días, le contesté. La mujer se limpió las manos y, con una ternura que no parecía de este mundo, adelantó: ¿en qué puedo servirle, joven? Quisiera un jugo de naranja, señora, le contesté, pero traigo un billete medio grande y tal vez no tenga cambio. La mujer levantó la vista y me miró a los ojos un instante. No se preocupe, joven, a la vuelta me lo paga. ¿A la vuelta?, pensé, y luego dije: así sea. La mujer vació jugo de naranja en un vaso grande y me lo extendió. Lo bebí de un trago. La mujer tomó el vaso y puso otro poco más de jugo, casi hasta la mitad. Me lo volvió a extender. Gracias,  dije, y lo volví a devorar. En la tarde que pase de vuelta se lo pago, señora, advertí. No se preocupe, joven, váyase tranquilo. Dejé el vaso sobre una tablita de madera y continué mi camino, llevándome los ojos serenos, aunque brillantes, de la señora del puesto de jugos, que acababa de darme un jugo sin siquiera conocerme y sin pensar en la posibilidad, tal vez no remota, de que nunca se lo fuera a pagar. Bajé las escaleras del metro Niños Héroes, todavía desolado, y me encontré con dos caminos: uno que llevaba hacia Universidad y otro hacia Indios Verdes. Como no tenía destino fijo, y la vida acababa de enseñarme que todas las cosas se nos entregan, al mismo tiempo, también, sin reservas, opté por el que tenía más a la mano. Al sentarme sentí que la ciudad entera, de súbito, me abrazaba por la espalda. Cerré los ojos, no fuera a ser que se tratara de una mentira.

Escribe un comentario en este artículo

16 comentarios en “Esto también es México”

Tus letras saben como acariciar el alma, pero hoy sentí que me crecieron alas. Gracias Rogelio por mantener emplumada a la esperanza.

Una observación de redacción: en la oración Uno también olvida que todas LAS COSAS DE LA VIDA (las calles, los viajes, LA MUJER, los aires) no pueden ser una cara mala todos los días, cada día, ni una buena, siquiera. Lamentablemente en estos tiempos su oración tiene un lenguaje no inclusivo y peor aún un tanto machista. Aclaro no soy una mujer feminista o algo parecido, simplemente, me pareció correcto apuntalar este desliz en la redacción.

Mi estimado Rogelio, coincido totalmente contigo, y mentiría si te dijera que no me conmovió y muy hoy que es uno de esos días que la vida parece tener una habilidad especial para confabular en tu contra; Gracias y felicidades … CHIDISIMO.

Hola Rogelio! Buen día, pienso que esa mujer de ojos serenos que describe son ángeles que Dios nos envía para decirnos cuanto nos ama y que a pesar de las adversidades “la vida siempre tiene dos caras” como su reflexión, lo importante y que nos hace crecer como seres humanos es saber aceptar con sabiduría la cara mala.Un gran abrazo!.

¡Bellísimo, Rogelio!

No sé quién dijo eso de “los buenos somos mas”, pero qué razón tuvo. Sólo hay que andar con los sentidos alertas para descubrir esos pequeños detalles que son la esperanza de nuestros azotados pueblos.

Rogelio la mujer confio en Ti con la simple mirada que te realizo, no crees?

La falta de cambio, de circulante en la economía, es la realidad de muchos pequeños negocios, …tienen que asumir el costo del riesgo, y tienen que recurrir a la confianza para vender y competir. Frente a la crisis, la corazonada para sobrevivir!

Gracias Rogelio y a todas esas personas que nos dan sin pedir nada.

Muy lindo, Rogelio. Esas cosas levantan el ánimo, qué padre…Y seguro que vas a pasar por allá de nuevo antes de irte, pa tomarte otro jugo sabroso.
Abrazos taoseños…

Javier C Bravo Magaña 19 diciembre ,2011 a las 4:43 pm

Gracias por la bonita historia; nos hace descubrir la poesía de la vida en nosotros mismos como lectores. Pero mi otro yo, mi otro yo provocador, me hace agregar: No creas que lo que recibes es para que lo goces y ya; más bien, es para que lo goces, y luego lo repartas mil veces más, de la misma manera en la que lo recibiste.

Digo, ¿no?

Javier

Esto también es México. Comentarios:
Yo diría Rogelio, que no es que la vida tenga dos caras, sino más bien, de esa cara polifacética que tiene la vida, no reparamos en esas pequeñas cosas, que son a la vez, las grandes cosas de la vida. Porque lo que comúnmente hacemos, es poner atención sólo a lo que hacen los personajes políticos, de los negocios, del deporte, del espectáculo, del culto religioso, etc. Pero ese mundo en el que cotidianamente actúa el pueblo, ese mundo en el que se forjan las grandes heroínas y los grandes héroes, ese mundo en donde se manifiestan los defectos y virtudes humanas, pasa desapercibido. Por ello, he ahí la importancia de registrar y publicar estas acciones con tanta satisfacción -como lo haces- a personajes como esa mujer chaparrita del puesto de jugos de la avenida rumbo al metro Niños Héroes de la Ciudad de México, de ojos serenos y brillantes, y con esa expresión tan benevolente y humana. “La mujer se limpió las manos y, con una ternura que no parecía de este mundo, adelantó: ¿en qué puedo servirle, joven?”, o bien, cuando dijo después de haber hecho su buena obra: “no se preocupe, joven, váyase tranquilo”. “Dejé el vaso sobre una tablita de madera y continué mi camino, llevándome los ojos serenos, aunque brillantes, de la señora del puesto de jugos, que acababa de darme un jugo” y una gran lección de humanitarismo.
Felicidades Rogelio, y vamos por más de esos personajes, que nos esperan con su sencillez y sus grandes enseñanzas en la vida cotidiana de la gente del pueblo.
Saludos
Erasmo Nava Espíritu

La vida ofrece lo que el ojo está dispuesto ver. La cara buena siempre está ahí. Sólo necesitamos poner en armonía nuestro propósito de ver con lo visto.

juan josé valdespino Hernández 21 diciembre ,2011 a las 1:19 pm

gracias por este texto,tan humano,nos recuerda la simpleza de la vida en cosas extraordinarias como la confianza y el amor al prójimo…es una hermosa metáfora el sentir que la ciudad te abraza…yo te abrazo desde aquí Cd. Valles S.LP. Huasteca Potosina,México.

juan josé valdespino Hernández 21 diciembre ,2011 a las 1:19 pm

gracias por este texto,tan humano,nos recuerda la simpleza de la vida en cosas extraordinarias como la confianza y el amor al prójimo…es una hermosa metáfora el sentir que la ciudad te abraza…yo te abrazo desde aquí Cd. Valles S.LP. Huasteca Potosina,México.

Amo la ternura y belleza de que eres capaz. Un fuerte abrazo navideño.

Concepción Sánchez 3 enero ,2012 a las 11:37 am

Es una lección de que hay gente de buen corazón y también coincido en qué mucho depende del color con que vemos al mundo. Hay tantas cosas bellas y por supuesto personas también que están cerca de nosotros y muchas veces no nos percatamos de toda la belleza que encierran. Me encantó tu escrito.

Comentarios