Fachadas

Es una costumbre arreglar la fachada de las casas. Renovarlas o simplemente pintarlas. A veces poner un enorme portón eléctrico o un cancel. Nos gusta dar una buena imagen a los transeúntes o conductores que van o vienen por la calle empedrada. No me había detenido a pensar nunca en esto, aun cuando más de alguna vez pinté de azul la fachada de mi pequeña casa en Colima y podé los arbustos de la jardinera, que en tiempos de navidad llenaba de luces de colores. Sin embargo, el otro día que terminaba de construir en el sótano una casa para un pájaro, salí por la puerta al jardín de atrás y me detuve en el muro de ladrillo blanco, el muro casi derruido, con la pintura descascarada y la hierba desbordada que mira hacia la bahía. Giré la vista y vi, en contraste, la fachada impecable: recién pintada, llena de flores amarillas en los maceteros, la puerta cancel reluciente. Entonces me dio vergüenza de mí mismo. Sentí pena de saber que a veces uno hace las cosas sólo para agradar a los otros, como si a los otros realmente les importara ocuparse de lo que uno hace o no. No pude volver a lo que estaba haciendo, que era la casa para un pájaro. Preferí, mejor, imaginarlo volando, en plena libertad, y me puse inmediatamente a barrer toda la hojarasca y a quitar la enredadera que ya invadía, incluso, el jardín vecino.

Afmedios

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3 comentarios en “Fachadas”

Gracias por no encerrar a ningún ser alado y por ocuparte de lo que no vé nadie más.

Totalmente de acuerdo, Debemos preocuparnos primero por agradar al yo interno, que los demás nunca estarán contentos con nuestras acciones. Saludos

Cor razón dicen, Rogelio, que los viajes ilustran. Conozco la experiencia aunque en casos menos amables que el de las fachadas. Por otra parte, hay otros que blanquean sepulcros.
Me da gusto saber que no eres de esos.
Javier

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