Filosofía de las agujetas

Tengo casi dos años con unos zapatos negros que compré en Zapatería Rodríguez. Como se sabe, llevaba en la mente unos de diferente marca pero como no había y de con Rodríguez no sales sin zapatos, compré estos que traigo. Los zapatos están cómodos, eso es inobjetable, pero el problema estaba en las agujetas. Eran unas agujetas satinadas que no resistían siquiera el doble nudo. Se desenredaban apenas dar diez pasos y había que volverlas a anudar. Como la comodidad de los zapatos valía tal calamidad, me acostumbré a inclinarme cada tanto para anudar las agujetas. Lo hice, como he dicho, por casi dos años. Durante todo este tiempo estiré las manos puntualmente, hice el doble nudo y luego volví a retomar el camino, que a veces era escarpado. Hace unos días fui al supermercado a comprar grasa para dar lustre y, en esa misma sección, encontré una cajita de agujetas que ofrecía un “pague una y llévese dos”. Como las agujetas eran del mismo color que mis zapatos negros, se me ocurrió meterlas también al carrito. Fui a la caja y pagué la cuenta. Una vez en casa quité las agujetas viejas y puse las recién compradas. Anduve toda la tarde caminando por la plaza y por el centro de la ciudad volteando hacia abajo para ver, la mala costumbre ya, si las agujetas se habían desanudado. Pero nada. El nudo seguía intacto. Al siguiente día sucedió lo mismo y, lo mismo, al siguiente del siguiente día. Apenas hoy se me terminó la costumbre de revisar mis agujetas desanudadas y, apenas hoy también, me di cuenta que la voluntad no es algo que venga de afuera hacia dentro sino viceversa, y que por eso es bien sabido que los fuertes crean las circunstancias y los débiles sufren, como en este extraño caso de las agujetas satinadas, lo que les impone el destino.

Ecos de la Costa / AFmedios

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5 comentarios en “Filosofía de las agujetas”

Chilo.

Muy bueno. Me deslumbra tu sensibilidad, capacidad de observación y de abstracción.

Que por qué los cordones para zapatos en México se llaman agujetas es algo que siempre me ha intrigado.

Y estoy de acuerdo. Los débiles aceptan sus suerte, los más fuertes intentan cambiarla. Y sucede también que los fuertes lo son en la medida de la carga que les toca llevar. De eso ya he escrito.

A veces se extrañan las penas.

Y es verdad que de la Rodríguez no sales sin -por lo menos- un par de zapatos. Comprar ahí es casi una imposición del destino. Auch! Ya evidencié de qué lado estoy :S Saludos Rogelio!!

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