Filosofía de los instructivos de ensamble

Desde que llegué a Nueva Zelanda, hace ya casi siete años, me enfrenté a la necesidad de modificar radicalmente ciertos hábitos. No se trataba de cambiar de nombre o de piel, sino simplemente de hacer algunas cosas de diferente manera, pues de otra forma no pasaría de abismarme en un voladero. Una de estas transformaciones fue la lectura de los instructivos de ensamble. Recuerdo que en México yo compraba cualquier cosa (reloj, mesa, papalote, o lo que fuera) y lo primero que hacía era tirar a la basura el instructivo de ensamble y guiarme por el puro instinto, con lo cual algunas veces salía airoso y otras quedaba patizambo frente a la pila de piezas deshilachadas. En Nueva Zelanda fue lo contrario. Aquí vi a amigos y conocidos, del barrio o la universidad, en más de una ocasión, comprar, por ejemplo, una caminadora, y hacer como primer paso una lectura acuciosa del instructivo de ensamble, leyendo incluso esas partes que nos advierten de los cuidados y precauciones que uno debe tener antes de usar el armatoste. Poco a poco fui entrando yo también en esa pedagogía, pues cierto es que a donde fueres haz lo que vieres o, mejor, que uno es lo que ve. Fue hace poco, mientras ensamblaba la nueva silla de mi escritorio, que me di cuenta que, curiosamente, en los países donde no se respetan las leyes tampoco se leen los instructivos de ensamble, contrario a los países donde las leyes suelen respetarse al pie de la letra. Es como si fuera un acto reflejo que nos dijera: si lo que dicen las leyes son una cosa y lo que pasa en la realidad es otra, ¿valdrá la pena aprenderlas? O, por el contrario: si puedo armarlo a como vaya saliendo, ¿tendrá caso leer el instructivo de ensamble? Estaba tan sumergido en estas inquisiciones que, cuando terminé aquel día de ensamblar la silla y quise sentarme para ver qué tan bien se ajustaba a mi humanidad, me di cuenta que el respaldo había quedado volteado y, para mayor desgracia, desniveladas dos de sus cuatro patas.

Periódico Ecos de la Costa / AFmedios

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10 comentarios en “Filosofía de los instructivos de ensamble”

HOLA ROGELIO: ESO QUE HACEN LOS MEJICANOS…LO HACEMOS TAMBIÉN LA MAYORÍA DE NOSOTROS. COMO A LA NUEVA GENTE SE LE DADO POR “VIVIR A MIL”, ESE TIEMPITO DETENIDOS EN EL PAPELUCHO RESULTA UNA PÉRDIDA DE PRECIOSO TIEMPO. PARA MEJORAR…DEBO MUDARME A NUEVA ZELANDA!!! CARIÑOS DE CARMEN LA CUENTACUENTOS.

Hector J. Orozco 17 junio ,2011 a las 1:59 pm

No tenemos tiempo para leer los instructivos, ni tenemos tiempo para conocer nuestras leyes, pero SI tenemos tiempo para leer chismes en el Facebook, contestar cientos de mensajes en el Twitter y ver videos “chistosos” en el Youtube. ¿Acaso no tendremos que actuar de manera mas inteligente y madura, vivamos en Nueva Zelanda, o en México? Si queremos un cambio hay que empezar por cambiar nosotros mismos. YO SI QUIERO UN CAMBIO EN MEXICO. Saludos.

Hector J. Orozco 17 junio ,2011 a las 2:03 pm

Hermanos mexicanos, no es necesario irse a vivir a otro país para cambiar. Para cambiar todos sabemos que lo que se necesita son HUEVOS, u OVARIOS en su caso. Y pues cambiando para mejorar se demuestra realmente si veniste a este mundo a hacer algo de provecho, o simplemente veniste a tragar y cagar como cualquier animal. Hagamos un cambio de fondo, cada uno de nosotros. Viva México.

vivaaaaa mexicoooo…es a lo que llamo SIMPLE CULTURA MEXINACA…

Hector J. Orozco 17 junio ,2011 a las 6:48 pm

Victor X:
No creo que la cultura mexicana sea simple ni mucho menos. Hay comentarios simples, eso si.

En España lo que hay son “instrucciones de montaje”, pero da lo mismo, porque tampoco las leemos. A mí lo que me llamaba la atención hace años, en EE UU, eran las líneas pintadas en el suelo para la formación de colas enroscadas (ahora ya tenemos algunas aquí, pero el autobús se sigue tomando al asalto, no hay remedio).
Me ha gustado mucho el final: yo también pienso que hay que leer las instrucciones, pero sin perder el ejercicio de la intuición. Difícil equilibrio.

Parece que Dios tampoco leyó las instrucciones cuando fabricó a la raza humana. Qué compañeros de viaje, qué espanto.

Fenomenal el interés que ha despertado tu nota. Me ha tocado vivir en Canadá más de veinte años y yo también quedé maleada para con la falta de información, leyes y demás apoyos para la vida que dan una sensación de seguridad. Está también el asunto de la confianza. Supongo que en Nueva Zelanda, pero en todo caso en Canadá, todo funciona por confianza, y en general no se miente. Por eso leer los instructivos resulta instructivo porque hablan de la necesidad de quienes, como tú, compramos sillas para el escritorio.
Y un mensaje para Héctor Orozco. Los huevos y los ovarios (palabra que significa: lugar en que se juntan/almacenan los huevos) son cosas de mujeres. Los varones tienen testículos que en España con mucha corrección mencionan como cojones. Así que, en mi opinión, ¡hay que tener cojones para cambiar las cosas! Y que ¡viva México!

Es curiosos que detalles aparentemente intrascendentes “hablen” de principios que caracterizan a la cultura, o a las culturas.
Obligadamente he tenido qué leer y he encontrado que muchos especialistas de origen europeo, se iniciaron en el estudio de una ciencia o de un área a edades tempranas. Busco en su biografía y resultan ser hijos de personas con cierta solvencia económica y a veces, intelectual. Digo todo esto porque definitivamente, creo que el capital cultural y social es importante y tiene una relación directa en la formación del individuo.
En cuanto a las leyes, quién las hizo?..¿a quién aplican? Es toda una historia que se vuelve tradición. Te he dicho que soy docente y una de las materias que más se complica para que los niños y las niñas aprendan, es precisamente la que tiene qué ver con la civilidad y el orden social.
Y no es que los niños y las niñas no lo hagan o no lo entiendan, sino que más bien, lo que se complica es cómo, con qué situaciones de la vida social ejemplificar.
Siin embargo, como bien dicen, lo importante es que comencemos con nosotros mismos. Felicidades por la forma en que enlazas lo que ves con lo que sabes. Un saludo desde Colima.

coincido con ciertos comentarios es cierto que no tenemos la cultura de leer nos da flojera leer y más si la letra esta muy chiquita a mi en lo particular me gusta que las instrucciones vengan acompañadas de dibujos y letras grandes y clara que las indicaciones sean muy precisa, ahora bien el dia que visite la cd. de searo compre en una tienda una plancha para el pelo, al llegar a casa mi cuñada me dijo que la abriera y que la usara para ver si servia y si me agradaba, yo asustada le dije que no porque si rompia el empaque ya no me la hiban a querer cambiar, y ella riendo me dijo hazlo, rompi el empaque que era de plastico duro y la use, efectivamente no me gusto porque no calentaba mucho y no era lo que yo esperaba, asi que al día siguiente me llevo a cambiarla y yo hiba con la flojera y la desconfianza de que nos la cambiaran; asi que entre e imediatamente me diriji a la caja le dije a la srita. que la queria cambiar y no me dejó que le explicara la tomo e inmediatamente me dio mi dinero sin preguntarme nada, yo me quede impresionada de que no les llamaron a los jefes de departamento o a los supervisores como suele ser en méxico, que es una perdedera de tiempo y sales hasta molesto por tanto trámite y peor si esta violado el empaque menos te lo cambian esas son unas de las cosas que me molestan y que me decepcionan de mi país, saludos a la familia cuidense mucho y felicidades por el día del padre…

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