Gobernar

Todo gobernante, si quiere realmente hacer bien su labor, debe leer a los siguientes autores: Platón, Aristóteles, Cicerón, Séneca, Plutarco y Montaigne, que los sintetiza a todos. Todo lo que se ha escrito después, como ya es lugar común, es una glosa, incluidos los más recientes sociólogos (que dicen que son los filósofos de hoy), antropólogos, politólogos o psicoanalistas, quienes no han sino enrevesado con ideas y conceptos filigranosos lo que los autores mencionados han dicho con una claridad y concisión envidiable. Tener en la cabecera del gobernante a Platón, Aristóteles, Cicerón, Séneca, Plutarco y Montaigne es tener un ejército de mercenarios custodiando la libertad, la justicia, la virtud y la sabiduría. Y es que para gobernar, primero, hay que gobernarse, y gobernarse no es más que hacer que nuestra realidad interior tenga siempre un diálogo de amigos con la realidad exterior, esa misma que enfrentamos al abrir los ojos en las mañanas. Gobernar, pues, es ver, y no hay mejor cosa que hacerlo con el ojo izquierdo de la cabeza y con el derecho del corazón. A eso nos enseñan Platón, Aristóteles, Cicerón, Séneca, Plutarco y Montaigne: nos enseñan a ver. Por eso todo gobernante los debe de tener en la cabecera de su habitación, y los debe dejar que le hablen al oído en las noches, todas las noches, tal como hacen las madres con sus hijos, a quienes siempre les están advirtiendo de los peligros por venir.

Ecos de la Costa

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