H2O

Las leyes de la física, la biología y la química tienen mucho que enseñarnos siempre y cuando seamos capaces de tenerles un puente con la realidad.

Y más que un puente o una escalera: siempre y cuando estemos convencidos de que el ser humano y la naturaleza, la interior y la exterior, son parte integral del todo cósmico y no piezas separadas e independientes de un rompecabezas al que, por cierto, le faltan algunas piezas.

Tal vez por eso tengo una afición por la lectura de libros de ciencia: porque en ellos descubro que la forma de organización de nuestras neuronas, por ejemplo, es muy similar (o incluso igual) a la de los seres humanos. O porque ello me haya ayudado a comprender también que así como no hay saltos drásticos en la evolución de las especies, así tampoco los hay en la evolución de las sociedades o de uno mismo.

El otro día me sorprendió descubrir, mientras leía un artículo, que las moléculas de agua (H2O) tienen la molécula de oxígeno con carga negativa y los dos átomos de hidrógeno con carga positiva. Esto es: que el agua es más positiva que negativa. Luego entonces, lo pensé, si el hombre está compuesto aproximadamente en un setenta por cierto de agua, que es más positiva que negativa, las razones para ser negativo no tendrían sentido.

Podría haber llegado a esta conclusión leyendo un libro de superación personal, pero haberlo hecho después de haber leído un artículo científico puede parecer descabellado. No lo es. Gracias a que he sabido la composición de las moléculas de agua es que ahora sé que no hay razones de peso para quedarme con las cortinas cerradas en las mañanas, o maldecir el tráfico al mediodía o injuriar a nuestros políticos corruptos durante el noticiario de la noche. Una sonrisa de oreja a oreja es lo nuestro: sobre todo si empieza antes de despertar.

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