Hacer y no hacer

Muchos creen que sólo la acción cambia el estado de las cosas, modifica el rumbo de los acontecimientos, transforma el futuro. No olvidemos que la inacción también es, por antonomasia, revolucionaria. Hace mucho sin mover siquiera un dedo, abrir la boca o avanzar unos cuantos pasos, así sea cuesta abajo. Esto es: no sólo sirve salir a las calles a marchar en protesta contra la violencia que asfixia a nuestro país, arrojar bombas a las afueras de Palacio de Gobierno o publicar diariamente libelos en las páginas principales de cualquier periódico. También sirve, por el contrario,  no obstaculizar con marchas que protestan contra la violencia que asfixia a nuestro país el paso a la ambulancia que lleva a un agonizante, no tirar la bomba que matará a más de un inocente que va pasando por las afueras de Palacio de Gobierno o no coger ni por equivocación la pluma encargada de escribir los libelos que publicas en las páginas de cualquier periódico, diariamente. Hacer lo que no debes hacer es ya hacer bastante, aun cuando parezca, obviamente, una holgazanería.

 

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