Homenaje a Confucio

Por muy lejos que el espíritu vaya,

nunca irá más lejos que el corazón

Confucio

Dedicado solamente a caminar las calles, subir y bajar autobuses a horas inciertas, desde hace dos semanas a estas horas, siguiendo siempre rutas distintas para ir a la universidad, a veces bordeando la colina, otras por el camino del Río que Baja, como le ha llamado mi hijo, yendo y viniendo sin reloj ni agenda electrónica ni ipod, saludando gente desconocida y casi invisible en la biblioteca donde leo autores que nunca nadie aquí ha leído, filósofos y poetas chinos o japoneses cuyas  manos se levantan como cae la tarde,  deteniéndome en esquinas imprevistas o tiendas a comprar un paquete de galletas o chocolates, pensando en las aguas del río junto a mi oficina, apenas dándome cuenta de que esas aguas cambian mientras paso de un pensamiento a otro, y son siempre otras como mis pensamientos o mi dolor,  no preocupándome por llegar a tiempo a nada, con la acidez de un “para qué” entre los colmillos, y nunca antes con la certeza de que tan sólo fluir es ya bastante.


Afmedios

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