Homenaje a Emerson

Los Diarios, de Emerson. Los leo en la noche, alta noche ya inalcanzable, mientras todos duermen, la casa a oscuras y la distancia de mi país. Los escribía Emerson rutinariamente, de espaldas al desasosiego, sin saber lo que serían. De ellos sacaba las notas para sus conferencias, que después convertía en ensayos. Los célebres Ensayos, de Eme…rson, escritos, como lo quería Tolstoi, con “caracteres de fuego”.  Lo puedo advertir repasando sus Diarios, volviendo a ellos como se vuelve a una fuente primera, a unas palabras en bruto: como las piedras antes de llegar a la cantera, como las piedras arrastradas en el lodazal de la cantera. Puedo ver a Emerson escribiendo sus Diarios, al final de la jornada del día, tal como yo los leo esta noche, también al final de la jornada del día, y hago anotaciones en sus márgenes, palabras que se convierten en mi propio destino. Estas que subrayo son, ahora, toda mi poética: “la vida es nuestro diccionario”

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