Homenaje a Esopo

Siempre hay que volver a Esopo. Hay que leer otros autores (Cervantes, Shakespeare, Goethe), pero siempre hay que volver a Esopo. Sobre sus enseñanzas no pasa el tiempo. Son tan vigentes como los teléfonos inteligentes o los libros electrónicos. Por eso, voy a recordarles una de sus fábulas, para confirmarles lo que acabo de decirles. Es la fábula del león y el jabalí. Cierto día, el león y el jabalí  coincidieron en una fuente, pues los dos se estaban muriendo de sed. El león, como rey de la selva, quiso tomar agua primero, pero el jabalí, fiero también y en disputa por el reino, extendió una de sus pezuñas y pidió la primera posición. Como no se pusieron de acuerdo, se enfrascaron en una batalla campal. El león desgarraba las carnes del jabalí y el jabalí respondía de la misma manera, clavándole sus filosos colmillos al rudo adversario. Exhaustos, ambos se dieron una tregua. Quedaron tendidos al lado de la fuente, bocarriba, respirando agitadamente, con las piernas y el cuello sangrantes. Entonces el león vio que en el cielo volaban en círculo una parvada de buitres, listos para darse un gran banquete. El león y el jabalí, nada tontos, supieron lo que les esperaba y decidieron dejar por la paz sus diferencias, pues de otra forma se iban a convertir en comida de esos buitres. Esopo termina así la fábula, y nos dice: no te metas en guerras inútiles (como muchas vemos ahora a nuestro alrededor) de las que sólo sacarán provecho los observadores. Así ha sido siempre y, lamentablemente, nada hay que nos diga que así ya no será.

 

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