Indígenas mexicanos

Pienso en los indígenas mexicanos (y en todos los indígenas: mexicanos o no, pero ahora mismo sólo en los indígenas mexicanos) y recuerdo estas palabras de Emerson, el autor que me acompaña en este autobús: “La emancipación es la demanda de la civilización. Eso es un principio; todo lo demás es una intriga. Esta es la verdadera política progresiva; colóquese a toda la gente en posición amistosa, saludable, productiva; colóquese al hombre del Sur en relaciones justas y naturales con el hombre del Norte; trabajador con trabajador”. Pienso en los indígenas a partir de una imagen que le tomé a un huichol que estaba sentado afuera de un estudio fotográfico, con los ojos cansados. Me vi diciéndome, a mí mismo, de pronto: mundo (una, dos, tres veces) y lo supe: es un abismo que fascina, una ventana y un espejo. Vi muchos rostros nuestros ahí dentro, tantísimos gestos. Son origen y deberían ser destino. Quédenos claro: no sabemos muchas respuestas, porque no se las hemos preguntado, ellos nos conocen más a nosotros que nosotros a ellos, lo queramos o no aceptar. Están llegando ya al pueblo, para el ensarte de tabaco y otras faenas que los mestizos (nosotros) no aceptamos hacer. He podido olisquear en el interior de su mundo (una, dos, tres veces) y lo supe: es un abismo que fascina, una ventana y un espejo. Vi muchos rostros nuestros ahí dentro, tantísimos gestos. Son origen y deberían ser destino. Quédenos claro: no sabemos muchas respuestas, porque no se las hemos preguntado.

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