La Universidad de Colima, en bancarrota

El saldo que ha dejado hasta ahora el rector Aguayo al frente de nuestra máxima casa de estudios ha sido decepcionante. Si los que apoyamos al principio su liderazgo lo hicimos movidos por la necesidad de devolverle a la universidad su carácter humanista y su vocación social y estrictamente académica, y Aguayo López nos engañó como a chinos con el cuento de soy el lobo con ropaje de cordero, hoy, después de casi cinco años, nos damos cuenta de que el mayor proyecto del rector Aguayo ha sido el Sorteo Loro y sus mayores alianzas no fueron con la academia sino con los porros Fernando Moreno Peña y el desaparecido Arnoldo Ochoa (y a partir de aquí yo ya no pude seguirlo), aparte de sus aspiraciones –por encima de su compromiso universitario- a la gubernatura del Estado, que, afortunadamente, fueron fallidas, pues -como se dijo al unísono- “si no puede con la universidad, cómo es que todavía piensa hacerlo con todo el Estado”. Pero a esto se aúna que una persona como Enrique Cárdenas Longoria, el mayor prestanombres de Moreno Peña (presente o pasado, lo mismo da) sea el presidente de nuestra Fundación Universidad Popular de Colima. Y luego que el hijo del rector ocupe un cargo en la Universidad de Colima, con factura para el nepotismo de Aguayo, y que uno de sus hermanos haya pasado de hacer ambigúes para ocasiones festivas a ser propietario o regentear un lujoso restaurante (que pronto reanudará funciones), esto sin contar con que la casa sede del Sorteo Loro pertenece a Francisco Lepe Aguayo, ex coordinador general de docencia y también familiar del rector, a quien se le paga una renta que cualquiera envidiaría. Y no siendo con esto suficiente, el rector Aguayo, el rostro humanista que nuestra casa de estudios estaba urgentemente necesitando, estuvo o está a punto de comprarle una casa millonaria en Suchitlán a su amigo Héctor Sánchez de la Madrid, director de Diario de Colima, aparte de otras prebendas que hacen que este rotativo hable linduras (por el momento) de la gestión de Aguayo López. Con todo esto, y lo que no he enumerado para no ser prolijo, ¿le creeremos al rector que habrá austeridad al interior de la universidad y que la crisis universitaria es culpa de los incumplimientos presupuestarios del gobierno estatal y federal? Decirlo así es muy fácil, sobre todo cuando se quiere tapar con el dedo índice la historia de saqueos a los que ha sido objeto nuestra máxima casa de estudios (confróntese hemeroteca del propio Diario de Colima), desde que Fernando Moreno Peña nos enseñó que la nobleza connatural de una institución educativa nunca pondría en tela de juicio la honradez de las autoridades universitarias, tal como nos es difícil pensar que una mujer embarazada con un niño en brazos sea capaz de llevar entre sus ropas tres kilos de cocaína para traficar. Si ahora el debate serán los fondos para la educación, y este debate servirá de parapeto para justificar la mediocridad del rectorado de Aguayo López, entonces la universidad tendrá dos cuatrienios más de esterilidad. En cinco años el rector Aguayo López ha sido incapaz de articular ningún proyecto trascendente en términos académicos. Habla de una universidad sin fronteras, cuando no sabe lo que es contar con una población de estudiantes internacionales principalmente en los niveles de maestría y doctorado. ¿Cuánta población estudiantil internacional para estudios de posgrado ha logrado atraer el rector Aguayo desde su gestión? No creo que lo sepa. NI siquiera sabe de su importancia y de cómo esto es termómetro para saber cuándo estamos ante una universidad de clase mundial y cuándo ante un puro espejismo. Si el rector Aguayo no sabe siquiera cómo establecer procesos para la revisión de los llamados Ejes Universitarios, que fueron garabateados al alimón por él y el director de Educación Superior, sin siquiera pasar por un comité legítimamente constituido, ¿cómo sabrá realmente proyectar a nuestra universidad internacionalmente? ¿Cómo podremos hacerlo entender que el Sorteo Loro desprestigia y avergüenza a una institución como la nuestra, y más cuando los premios gordos caen entre los hijos de sus amigos íntimos, como Lalo Hernández, principal operador de las arcas universitarias? ¿Cuándo podrá entender –pero entenderlo de verdad- que hay cientos de universitarios defraudados, desencantados, sabedores de que su rectorado ha sido un gran fiasco? El rector Aguayo cree que cortando y pegando ideas de aquí y allá, esto es improvisando; y que culpando al gobierno estatal o federal de su fracaso como administrador universitario (porque académico nunca ha sido); y que escondiéndose entre las cuatro paredes de su oficina sin atender los problemas sustanciales que aquejan, no sólo a la universidad, sino al universitario de a pie; el rector Aguayo cree que con la sola inercia es como se construye una universidad. Pero ¿qué piensan los académicos reales al respecto? ¿Pueden realmente expresarse? ¿Están contentos con la universidad ecologista de Aguayo, tan ecologista y productiva que va a convertir un próspero rancho tecomense en un Puerto Seco, otra de sus decisiones unilaterales y arbitrarias que no fueron pasadas por el tamiz del consenso? Yo no quisiera escuchar sino a los académicos, no a la secretaria o secretario del rector, no a sus voceros analfabetas, no a sus periodistas subempleados o a sus panegiristas de pañuelo. Quiero escuchar a sus académicos, los que investigan y publican libros o artículos en revistas especializadas y de divulgación, los que están frente a sus grupos enseñando, diariamente, los que realizan gestiones administrativas y burocráticas a todas horas. Quiero escuchar a esos académicos en un debate sin fronteras, abierto, sin represiones, sin acciones intimidatorias y sin ese gran desánimo que empieza a ensombrecer, ya, el día a día de muchos universitarios.

Ecos de la Costa


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3 comentarios en “La Universidad de Colima, en bancarrota”

David Dominguez (vengador-anónimo) 6 septiembre ,2009 a las 12:39 pm

Ya era justo que alguien sacara la verdad a la luz pública, la actuación desastroza del dr. Simio (perdon Aguayo Lopez es un fiasco, cobra según el $200.00 pesos de imscripción pero $1,950.00 de talleres y laboratorios fantasmas que no existen, (se puede corroborar)varias facultades se quejan de este atropello a la cada vez más vapuleada económia del pueblo de Colima, por desgracia no puede uno levantar la voz por temor a las represalias, sus esbirros y achichincles lambe-huevos entran en acción, y se queda uno con ganas de externar su opinión. Gracias por tomar la voz de quienes estamos inconformes de de la nefasta rectoría de Aguayo (simio) Lopez.
le felicito por su valor y agudeza.
pd. el sorteo LORO un negocio redondo para la mafia de aguayo y su honorable familia que vive (con lujos)fuera Aguayo de la rectorïa, y todo su nepotismo.

esa es la realidad universitaria y hay que actuar en consecuencia, un fuerte abrazo y gracias por comentar

consuelo hernadez 31 julio ,2010 a las 2:55 pm

tristeza infinita para aquellos que creemos en la academia y que convencidos estamos de que al interior de la universidad hay grandes academicos……sin embargo, de que sirven los grandes academicos cuando callan y viven bajo un pseudoliderazgo de corruptelas?…..entonces la academia pasa a ser asunto de segunda categoria……academia sin propuesta, sin iniciatica, sin critica no es academia!!!

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