Mi primo Alejandro

Durante mi infancia conviví con un primo de nombre Alejandro, hijo de mis tíos Ricardo y Yelila. Era unos cuantos años más grande que yo, pero los suficientes para marcar en esa edad una diferencia: él ya iba a la discoteca y tenía novia y yo apenas empezaba a ir a las llamadas “tardeadas”. En varias ocasiones estuve en su habitación mientras se ataviaba para sus rondas nocturnas. Usaba un perfume ahora muy popular: “Polo”. Ese del frasquito verde. Toda la habitación se llenaba de ese olor (hoy me doy cuenta) mezcla vaporú y talco. Admiraba a mi primo Alejandro: tan varonil, con pelo ya en el pecho, carismático y con una parvada de mujeres detrás de él, siempre. Una noche, saliendo de una discoteca, a los veintiún años escasos, una camioneta conducida por un desalmado lo partió prácticamente por la mitad. Lo dejó a la orilla de la carretera. Los peritos del Ministerio Público tardaron incluso en encontrar una de sus mitades, oculta entre los matojos. Fue una tragedia que, como todas y por más terribles que parezcan, con el tiempo se olvidó. O tal vez eso creímos, porque yo jamás he dejado de recordarlo cada vez que huelo el aroma de ese perfume, que incluso –por una extraña razón, obvia ahora- le regalé a mi hijo, y es el que ahora usa para ir a la escuela y a las tardeadas muy parecidas a las que yo iba en aquel tiempo. No sólo ha sido ese olor una manera de recordar a mi primo Alejandro, sino también de evocar aquella habitación y aquella casa donde estaba esa habitación y aquel jardín hacia el cual miraba aquella casa y aquellos árboles de ese jardín y aquellos pájaros que cantaban sobre esos árboles y aquel canto de esos pájaros que cantaban sobre los árboles del jardín hacia el cual miraba la casa que tenía una habitación que, quién se atrevería a negarlo, todavía conserva el olor del perfume de mi primo Alejandro. Los maestros espirituales, es cierto, nos recomiendan que no nos aferremos al pasado, sin saber que muchos, a veces, es lo único que tenemos y lo único, de más está decirlo, que nos sostiene.

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2 comentarios en “Mi primo Alejandro”

Alberto Juárez Cortés 26 mayo ,2014 a las 4:25 pm

Muy bonito y muy cierto Rogelio.. me hiciste recordar muchos olores que en cuanto los percibo me traen recuerdos de niñez y juventud, de todos colores, sabores… y olores..

¡Ay Poeta!me estremeció el alma tu texto. Te mando un abrazo fuerte, fuerte.

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