Nepotismo: una anécdota familiar

Cuando mi tío abuelo Arturo Noriega, hermano de mi abuelo materno, fue gobernador, cuentan que mi padre y algunos hermanos de mi madre se presentaron con él para recordarle lo prometido durante la campaña: un puesto en la burocracia pública. Dice mi padre que uno de mis tíos llegó a decir discursos encendidos en promoción del voto del tío abuelo, sabedor de que con su triunfo le esperaba un bellísimo porvenir. Mi padre cuenta que anduvo también incansable llevando el nombre de mi tío abuelo por todos los rincones (hospitales,  mercados, rancherías) y que regresaba a casa contento sabiendo lo que le esperaba de llegar el tío abuelo a la gubernatura. La familia tal vez se moleste porque cuento esto, sobre todo porque ahora tengo primos panistas, siendo que mi tío abuelo siempre fue priísta. Pero la verdad es que estas cosas hay que decirlas antes de que llegue el olvido y las despanzurre. Decía, pues, que cuando ya llegó mi tío abuelo a la gubernatura, mi abuelo, Bulmaro Noriega, que había ocupado un alto cargo en la anterior administración y que sabía de política, le dijo a mi padre y a mis tíos pos que fueran a cosechar lo sembrado. Dice mi papá que ahí van todos, en fila india, a presentarse con el señor gobernador, que, aparte de todo, era familiar cercano y ahora ya el chivo que más meaba en toda la región. Que sí, en efecto, fueron recibidos por el tío abuelo y los hizo sentar en un sillón negro tan largo que parecía llegar hasta el otro extremo de la ciudad. Cuenta mi papá que el tío abuelo Arturo empezó a hablar muy ceremonioso, dándole vueltas y vueltas a las palabras y sin llegar al punto, y que entonces mi tío Jorge, un poco ya desesperado, le preguntó que si habría trabajo o no. Que les dijera de una vez. El tío Arturo, encallejonado, dijo de pronto: es que es por el asunto del nepotismo, ¿saben? Mi papá dice que cuando escuchó la palabra se le formó un nubarrón en medio de la frente. ¿Qué será eso?, cuenta que se preguntó cien mil veces. Entonces, así por descuido,  ladeó un poco la cabeza y, por descuido también, miró de reojo al fondo de la fila. Su mirada se topó con el rostro de mi tío Jorge, conocido por devorar diccionarios y enciclopedias. Su rostro pálido y desencajado le dieron a mi padre, de súbito, esta certeza: la palabra esa no significaba  nada bueno. Como así fue. Al cabo de unos minutos, todos salieron con una mano por delante y la otra por detrás. Mi abuelo Bulmaro, que sabía muy bien lo que había pasado, dijo: eso del nepotismo es en realidad una mamada de corneta. Y, al terminar de decirlo, le tronaron las quijadas. Mi papá, al verse sin empleo, comprendió, después de haberle dado muchas vueltas al asunto, que así era. En vano el portafolios negro que acababa de comprar y los zapatos recién lustrados con los que pensaba llegar el primer día a su amplia oficina. Por lo demás, yo no participé afortunadamente en la campaña política de mi tío Carlos de la Madrid, que también fuera gobernador. Por si las moscas.

 

 

 

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6 comentarios en “Nepotismo: una anécdota familiar”

Horacio Archundia 15 enero ,2012 a las 4:57 am

Rogelio: una anécdota peor: cuando mi tatarabuelo fue gobernador – se llamaba Francisco Santa Cruz- dicen que un día le dijo a su hijo mayor, Agustín Santa Cruz Ceballos: anda y ve a México y pide ver de mi parte al señor presidente -Don Porfirio,desde luego-, y le dices que quieres ser diputado federal. Y se fue “Agustincito” el junior hasta México – en carreta hasta Tuxpan y de allí en tren a Guadalajara y á México-, y lo recibió por fin Don Porfirio. Y dice la parentela que después de oírlo, el General le entregó una brevísima carta que, dicen, decía: “Mi apreciable amigo: acomode Usted donde considere que mayores servicios presta a la Nación y a su Estado su dilecto hijo”. Y fue todo. Mi tatarabuelo mandó a mi tío Agustín – abuelo del poeta del mismo nombre- a hacerse cargo de la Hacienda de La Magdalena. Y dicen que mi tío Agustín, cuando le preguntaban los enterados cuándo sería diputado, decía: “mi papá está buscando el modo”, modo que nunca encontró mi señor Tatarabuelo. Por cierto que al junior Santa Cruz, luego de mil abusos, violaciones y bajezas que cometió con la peonada, un día lo mataron -en enero de 1902- a machetazos. Así que mejor que no te metiste a la fila de los nepotes. Saludos.

Horacio Archundia 15 enero ,2012 a las 5:02 am

Y digo mejor que no te formaste en la larga fila, porque eso de la política es, como decía el maestro Aquileo Díaz Virgen: el arte de los pendejos: hacerse o hacerlos. Y tú eres muy listo para hacerte y muy honesto para hacerlos.Un abrazo.

Rogelio, a ver que hueso me toca a mí ya que regrese a mi patria adorada haha. El otro día me encontré a tu raza a punto de entrarle macizo a la comida china. No te vayas de Dunedin sin antes dejarme picharte una hamburguesa ahí en Angus! Y como siempre, leerte es una exquisitez!

Ay, pero pobrecitos, mira que trabajar tanto para que les salieran con que si nepotismo…¿A poco por qué no se los dijo antes de que le hicieran propaganda de gratis? Lo del chivo que más meaba me gustó mucho…

Interesante cómo funciona la mente concentrada en una cosa y excluye otras. Por ejemplo, “Por lo demás, yo no participé afortunadamente en la campaña política de mi tío Carlos de la Madrid, que también fuera gobernador”. Esta frase, unque todos entendemos lo que quisiste decir, si la ves bien, no dice lo que querías decir; es decir, dice que partipaste, pero tu participáción no fue afortunada. Los ‘dices’ son intencionales pero admito la posibilidad de que me haya concentrado en provocarte y haya cometido errores como el que comento.

No sé si hacer esto o no; temo molestarte y si hago caso de tanto temor me parece peor.

Javier

Felices ustedes que discuten esto siendo nacidos en México. Yo soy extranjera y para mí el nepotismo es impensable. Simplemente algo que “no se hace”. ¡Vaya diferencias en las culturas!
En cuanto a lo del chivo me llamó la atención, al igual que a Teresa Dovalpage. Ha de ser parte de un lenguaje más común entre varones que mujeres… No me imagino que nosotras habláramos de la chiva que más leche daba… Quizás porque no entendemos de economía lechera…

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