Padres e hijos

Empieza uno luchando porque se salgan de nuestra sábanas y aprendan a dormir solos, allá en la oscuridad del cuarto que les hemos ataviado con una pequeña lucecita que les ayuda a espantar fantasmas tísicos o duendes malhechores, en ocasiones incluso aplicándoles severos castigos que van desde dejarlos sin el chocomilk de la mañana o el postre de nieve de cereza de la tarde, sin importarnos verlos llorar en el corredor en mitad de la noche con lagrimones que dicen papi estoy soñando feo, y terminamos, de igual modo, pero a la inversa, luchando para que vuelvan de ese lugar lejano al que se fueron, y nos traigan a los nietos o los pongan al teléfono para escuchar, al menos, su voz, incluso explicándoles que hemos ataviado una habitación al lado de la nuestra para que estén confortables o incluso alquilado un pequeño apartamento cerca de casa para que quede a salvo su independencia, y luego llorando silenciosamente porque nos han dicho que este año aquello no es posible, y que el próximo ya se verá porque del trabajo les han avisado de un bono de fin de año que quisieran usar para conocer unas playas exóticas que han promocionado en el noticiario de cualquier domingo.

Ecos de la Costa 31/7/2009

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