Paradoja del viajero

Pienso en los días que se van, en los días que llegan. Pienso en que uno tiene que llegar, también, como los días, o irse algún día, con ellos. Sabiendo que yo he llegado y que me he ido tantas veces, y que siempre pasa lo mismo: ordenar el armario, buscar un jardín, recorrer una calle, comer unos tacos, charlar con el lustrabotas. Y luego, cuando ya todo parece que está a punto de permanecer, hay que irse: vaciar el armario, olvidar el jardín, desandar una calle, extrañar unos tacos, rememorar la charla con el lustrabotas. ¿Hasta cuándo será así? ¿Qué distancia habrá entre esto que llega y aquello otro que se va? ¿Qué distancia entre mi cuerpo y mi ciudad o entre mis manos y sus calles? La distancia es de alas, es de árboles, es de pañuelos. De mares es, apenas, la distancia.

Ecos de la Costa


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2 comentarios en “Paradoja del viajero”

este poema encaja en Caída libre.

sin duda, megan. yo creo que ahora, como dicen los investigadores rudos, TODO ENCAJA, no? beso.

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