Rara avis

En algún momento hay que empezarlo todo, de nuevo, otra vez. Empezar con nueva ruta, elegir otro vagón, abrir la última puerta del ayer. Qué cansancio en los huesos no empezar nunca, de nuevo, otra vez: los mismos hijos, la misma escuela, el mismo trabajo, la misma mujer. Y al siguiente día el día siguiente es el mismo que fue. Por eso-¡cómo, Dios mío!- hay que empezarlo todo, de nuevo, otra vez: otros hijos, otra escuela, otro trabajo, otra mujer. Porque si la vida cambia cada día del año, cada día del mes, nosotros mismos –con todo lo que fuimos- cambiemos también. Empezar como en aquel primer día que lo empezamos todo: pero con otra ruta, otro vagón, jamás la misma puerta, esta vez. Qué cansancio de los hombros la ceguera de este ahora: se derrite en las manos del nunca, ¡míralo!, para volar después.

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