Recuerdos del porvenir

Hace un momento, mientras leía asistido de la luz de una lamparita, me recordé recordando, bajo un almendro que había en la casa vecina del barrio de mi infancia, este instante. Este justo instante en el que leía asistido de la luz de una lamparita. Me vi entonces la ropa que hoy traigo, las paredes de esta habitación, mi barba, los tres libros incluso que tengo a un lado de mi computador, mis zapatos negros, el olor a yerbabuena que entra por las persianas, todo con una claridad sobresaltada, tal como estoy viviéndolo en este momento. Pero: ¿por qué no puedo hacerlo a la inversa? ¿Por qué me veo bajo el almendro pero no puedo precisar el olor de la tarde, ni la ropa que traía puesta, ni los zapatos, ni el paisaje siquiera al final de la calle empedrada? Pienso, de pronto, que también existen esos recuerdos que recuerdan el porvenir, y que, por alguna razón insospechada, son más valerosos que los que recuerdan el pasado, lo que a nadie llamaría a sorpresa, pues quién que ame la vida querrá persistir en su después al amparo del olvido.

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