Topi

A veces me descubro observando detrás de una cortinilla sin que nadie me vea. Así veo como el hombre pronto olvida que apenas ayer levantó un monumento y al siguiente día tal monumento yace sobre una capa metálica de polvo. Es normal: tampoco podemos vivir del pasado, sobre todo si éste nos duele. Pero también es curioso que nos aprestemos a vivir del futuro, cuando éste quizá nos está esperando con un cuchillo en la mano. ¿Y qué decir de este presente que, al tocarlo, ha ya desaparecido? Las palabras que escribí al principio (“a veces me descubro observando…”) ya forman parte de mis recuerdos. Reflexionaba sobre esto el otro día que viajaba en el avión de Dunedin a Auckland, releyendo Las provincias del hombre, de Canetti. Recordé, de pronto, que una semana antes, cuando estaba dando de baja del messenger a gente con la que en realidad nunca he hablado ni conozco vi que todavía seguía ahí Topiltzin Ochoa Cervantes, Topi. Aunque sabía que ya no caminaba más estas calles, ni volaba estos aires, tuve la certeza de que si le escribía, alguien del otro lado me contestaría con un saludo amable. Titubeé un instante entre la locura y la cordura y al final escribí: “cómo la llevas, amigo”. Minimizé la ventanilla y seguí dando de baja correos, recordando viejas amistades, enemigos, etcétera, y después de unos minutos, plap, la ventana de Topi se puso anaranjada. Quedé por un instante helado, impávido ante mi propio desvarío. Sentí que no me atrevería a abrir la ventanilla y ver las palabras que detrás escondía, pero lo hice. Encontré lo consabido, un mensaje diciéndome que mi mensaje no había sido entregado. De pronto me sentí triste, más bien derrotado al saber que los amigos muertos ya no pueden contestarnos cuando les llamamos, pero después me vino una alegría inconfesable, punzante al recordar que cuando ya las palabras nada pueden, ni los amigos tampoco, el silencio, que todo lo puede, es todo su mensaje.

AFmedios

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7 comentarios en “Topi”

Fíjate, amigo, que somos humanos y que a nosotros nos pasa lo mismo, estés donde estés. El silencio, que efectivamente todo lo puede, se viste de diferentes colores. Cuando una enfermedad muy agresiva se llevó a mi única amiga, la de toda la vida, me invadió el silencio negro. Miraba la pantallita del movil, esperando que suene la voz de siempre a la hora de siempre. Me dejó su presencia en su hijo que no era muy crio , pero que sin ella estaba a la deriva.Cuando por fin me atreví a borrar su número de la agenda, el silencio comenzó a cambiarse adquiriendo los colores más claros: amarillo, cuando su hijo no quería aceptar lo sucedido;rojo, cuando le obligué a ingresar en la universidad.Y hoy, pasado el año, mi silencio es blanco. LA vida sigue, es hermosa como las calles nevadas en mi Ucrania querida. Te deseo mucha salud, mucha felicidad en vísperas de la NAvidad y el Año Nuevo y que el silencio que tengas en tus lares sea brillante y radiante. NAtalia

Sencillamente hermoso tu texto.
Cuando alguien ha partido a otra dimensión y un amigo le escribe las palabras que acabo de leer, sigue más vivo entre sus seres queridos.

En octubre tomé un curso en la ciudad de Colima, “dirección de actores”,tuve de compañero al chico más joven del salón, 14 años, grande de cuerpo con cara de niño.Me dió gusto saber que tenía pocos años de vida y se interesara en el área. Al termina la clase, su mamá fue por él, el instructor fue a saludarla, era la esposa de Topiltzin. Ese día me di cuenta del amor que existe en esa familia y conocí a tu amigo querido a través de su retoño.

ROGELIO:
Tu texto me dolió. Me lastimó el fácil olvido y la inhumana ingratitud que nos caracteriza a muchos. Hoy precisamente (18 de diciembre de 2010), mientras me terminaba de afeitar, por la mañana, me acordaba de Topi, fue solo un repaso, su lugar lo ocuparon su Alma y sus niñas ¿Que harán? ¿Cómo estarán? En cuanto pueda iré a verlas a llevarles un poco de lo mucho que nos dejó ese ser entrañable que para muchos fue Topi. Gracias por tu presencia amigo.

Son de comentarse tu palabra “Minimizé”, y tu frase “Sentí que no me atrevería a abrir la ventanilla y ver las palabras que detrás escondía, pero lo hice” Quizás te interese saber por qué.

Por otra parte, parece natural que la gente piense supersticiosamente en “el otro mundo”. “Quedé por un instante helado, impávido ante mi propio desvarío”. Habrá que entender “supersticiosamente” en su significado etimológico literal. En ese caso, resulta consolador el pensamiento de que el silencio sea la respuesta del ausente.
¿No?

Javier

Siempre da alegría saber de un gran amigo aun en el silencio

Gracias por tu bello texto Rogelio. La distancia resulta, curiosamente, en un lente de aumento en que ver a los seres queridos. Lo mejor para ti en el bello verano del hemisferio sur.

DIFICIL TRANSMITIR UNA AUSENCIA Y SI ESTA ES DUELO MAS ¡¡¡ AL VUELO ……VOLO…….EN TU VUELO LA ENCONTRARAS..¡

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