Torturas

Cuando le cortaron la mano izquierda, la mano izquierda alcanzó a escribir todavía unas palabras de amor en una de las paredes del calabozo. Cuando le cortaron la mano derecha, la mano derecha hizo una seña obscena con el dedo un poco antes de caer. Dos horas después, cuando le arrancaron la boca de raíz, la boca sin raíz dijo salud y buenas noches a la concurrencia. Después vendrían los pies, las rodillas, los hombros, la espalda, la nuca, el pelo, las orejas y, por último, los ojos. Antes de sacarle el ojo izquierdo, el ojo izquierdo derramó una lágrima helada al apagarse. Pero antes de sacarle el ojo derecho, el ojo derecho gritó de terror en el preciso instante en que reconoció, como suyo, el puño que se estrellaba contra su nariz.

La Jornada Semanal

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