Una calle

Dentro de uno también hay calles, como las hay en las pequeñas y las grandes ciudades. No son muros, como esos que derribamos con los puños, sino calles, largas empedradas que uno puede utilizar para ir a visitar a un amigo, un doctor o un tendero. También nos sirven para huir de nosotros mismos o para regresar a lo que fuimos. Las llevamos adentro, con sus puentes levadizos y sus paradas de autobuses. Yo no lo creía, pero ahora no puedo estar más que convencido. También hay calles dentro de uno, viejas y nuevas, transitadas e intransitables. Yo descubrí hace un instante una que fue bálsamo en este día aciago. No es en sí misma una calle, más bien un pedazo de calle, la que está junto a Plaza del Rey, a la altura de la lonchería Tic-Tac. Una calle con su camellón arbolado, un taller de mofles enfrente, una farmacia del ISSSTE, un árbol. La veo claramente dentro, transitada, ciertamente azul. Si inclino la cabeza puedo atisbar, incluso, el jardín Núñez. Ha sido bálsamo ese pedazo de calle que, bien vista, no va a ninguna parte. Sobre todo porque me ha hecho un viento fresco dentro que arranca de la banqueta toda la hojarasca de la tarde.

 

 

Escribe un comentario en este artículo

1 comentario en “Una calle”

Mis papás tuvieron durante muchos años una refaccionaria en la siguiente cuadra del tramo que menciona, así que entiendo perfectamente esa sensación que comenta. Era tránsito obligado para ir a Plaza del Rey que un tiempo albergó la tienda de El Paraíso o los Cinemas del Rey. O para ir a comprar las ricas tortas del Tic-tac o un medicamento a la farmacia del ISSSTE. Cierro los ojos y evoco el árbol cuyas raíces levantaron la banqueta y lo fresco del viento en ese tramo. Quizá la calle, como dice, no lleva a ninguna parte, pero definitivamente, este breve artículo, sí me llevó al mar de recuerdos de mi infancia y adolescencia. Gracias!

Comentarios