Vidas invisibles

Subiendo la colina hacia el desmonte que hay antes de llegar al acantilado, caí en la cuenta –en la certeza real, profunda- de que no es verdad que tengamos una sola y única vida que recorra una trayectoria que va del primero de enero al treinta y uno de diciembre, cada año y todos los años, sino que más bien nuestra vida tiene una serie de vidas internas encadenadas, pequeñas vidas que se viven alternativamente dentro, a su vez, de otras vidas igualmente encadenadas a ellas, internas también, y dentro de esas vidas otras se encadenan interminablemente, viviéndose y viviéndonos dentro, con sus leyes y costumbres, sus fueguitos y zonas de recreo, sus cárceles y abismos, intentando asir lo que las otras vidas paralelas y perpendiculares, que suben y que bajan, muestran en su intermitencia, el paso de unas a otras, ese encenderse y apagarse como este vivir y morir nuestro de cada día a razón de milésimas de segundo, para luego volver a llegar a ese punto de encuentro en el que lo que tú eres y yo soy logran, por fin, ser una sola y misma vida.

Ecos de la Costa / AFmedios

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5 comentarios en “Vidas invisibles”

Amigo Guedea, tu trabajo trae un profunda consideración filosófica. coincidimos allí.
felicitaciones por la originalidad
Abrazo argentino
Norberto Pannone
http://www.norbertopannone.com.ar
norbertopannone.blogspot.com

Hector J. Orozco 1 abril ,2011 a las 5:25 pm

Hermano, has llegado a la conclusión de que todos tenemos vidas infinitas, y así es. Cada quién vive un pedacito de ese infinito a cada instante, y cada quién permite que la vida adquiera el color que desea, escogiendo de los variados matices que existen en el universo. Es bello estar a solas, caminando y llegar a esa conclusión. Hace vibrar el alma. Saludos.

Qué hermosa debe ser esa colina que te inspiró una reflexión tan profunda. Me gustó mucho.
Un abrazo desde Uruguay,
Eliza

Vidas infinitas, encerradas irremediablemente entre dos fechas:la de nacimiento y la de la muerte. Mientras tanto la belleza de esa colina colimota. Un abrazo hermano

Y entonces Heráclito se puso a juguetear con las piedritas del río, con las hojas secas que la corriente pasea en el estanque bajo esta higuera, juega con las burbujas que espuman el remanso hacia la orilla, mojando los lirios y un par de nenúfares que flotan entre los juncos, y como la canta Alex Lora, las piedras rodando se encuentran, porque las piedras del jagüey de arriba, se fueron amontonando en el río de abajo, que Heráclito (no el filósofo, si no el niño, el niño Heráclito Guedea), ahora acomoda una tras otra de estas piedras y construye una cortina, una represa pues, en aquel remanso del río junto al paredón que acurva el pequeño cañón de este incógnito río, que queda, subiendo la colina hacia el desmonte. Y los peces nadan transversales la corriente, driblando las hojas mas pesadas que se acurrucan en el fondo, creando así, el nido donde se dará el magnánimo recurso del desove, y los gusarapos, y los cangrejos, y los insectos acuíferos que patinan el espejo del agua estancada pero fluida, y las chopas y los chigüilines y las ranas; ahora el estanque ha sido terminado por el niño Heráclito, y casi se parece a la vida; pero el niño Heráclito no quiere nadar sólo, por eso invita a sus amiguitos, y los amiguitos del niño H (que “H” en este caso significa Heráclito para calmar la afonía de tantos áclitos), invitaron a más amiguitos -y amiguitas porque no-, luego los chapuzones y las zambullidas se dan sin ton ni son entre la fauna y flora que merodea estas aguas, y las aguas chapalean bajo el jugueteo alegre de los niños, y el río encadena interminablemente este jugueteo con el otro jugueteo, el del océano, como si todo fuese una sola y misma vida, que el vaivén del mar revuelve, antes de llegar al acantilado. Salud y bienestar hermano.

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