25 años del PRD

El 5 de Mayo de 1989 se fundó el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Lo erigieron, principalmente, Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, tres priistas disidentes que aglutinaron a otros partidos de izquierda, como el Partido Mexicano Socialista (PMS) o el Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT). Desde entonces el PRD ha luchado por conseguir la presidencia de la República, primero a través de Cuauhtémoc Cárdenas, y en los últimos sexenios con Andrés Manuel López Obrador, pero no lo ha conseguido. Ha logrado gobernar en el Distrito Federal, desde 1997, que ha sido su contrafuerte, y en trece estados más del país, pero nunca en Colima. Como la clase política mexicana es toda la misma (aun cuando cambien los colores de la camiseta), el PRD ha tenido sus tiempos oscuros: gobiernos acusados de corrupción (como aquellos videoescándalos que involucraron a René Bejarano, Carlos Ahumada y, de paso, a Rosario Robles, hoy Secretaría de Desarrollo Social del gobierno de Peña Nieto), gobiernos acusados de tener lazos con el narcotráfico (como el de Leonel Godoy en Michoacán) y, por último, el rompimiento de la corriente lopezobradorista y el surgimiento del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), que no parece tener los mismos liderazgos en todos los estados.

El PRD en Colima, ahora visiblemente dividido, se ha constituido en un partido meramente de choque. Crean problemas donde no los hay y se alían a todas las protestas ciudadanas no por un principio de justicia social sino por ser esa la única forma de justificar su militancia. El PRD en Colima no tiene ni un líder moral ni, siquiera, uno ideológico. No creo que en realidad sus dirigentes conozcan lo que es realmente ser de izquierda y hacia dónde se está moviendo ésta actualmente, pues actúan, hablan y se manifiestan, en el fondo, del mismo modo que lo hace la derecha. En este mismo camino van los jóvenes dirigentes de Morena-Colima: no son demócratas, sino demagogos. No son revolucionarios, sino reaccionarios.  No pueden dejar de ser lo que critican porque carecen de algo importante: memoria y autocrítica. Falta mucho, pues, para que a Colima lo gobierne una verdadera izquierda, por ahora convertida en un locutorio de quejas y escupitajos.

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