Acuerdo Transpacífico: quitar la máscara

Hace unos días estuvo de visita en México el primer ministro de Nueva Zelanda, John Key.

Se reunió con el presidente Enrique Peña Nieto para, entre otras cosas, reforzar sus lazos comerciales y seguir enfatizando la importancia del Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica, Trans-Pacific Partnership Agreement, (TPPA), que lidera Estados Unidos y que, a la fecha, incluye a nueve países más: Australia, la misma Nueva Zelanda, Perú, Chile, Singapur, Malasia, Vietnam, Brunei y México.

La información en torno a esta visita del primer ministro neozelandés pasó casi desapercibida por los medios de comunicación y, sobre todo, por los articulistas mexicanos, incluidos los analistas económicos, lo que causa sorpresa porque en Nueva Zelanda ha habido grandes marchas de protesta en contra del Trans-Pacific Partnership Agreement por parte de los sindicatos de obreros.

La profesora de la Universidad de Auckland, Jane Kelsey, reconocida comentarista en temas de globalización y descolonización, y editora de un libro sobre este tema, ha sido también reacia al Acuerdo Transpacífico.

En una entrevista reciente para la televisión neozelandesa, la profesora Jane Kelsey dijo que lo peor del Acuerdo Transpacífico parecía ser que, al final del día, sólo beneficiaría a Estados Unidos y que el resto de los países, incluido México y Nueva Zelanda, serían invitados a la fiesta nada más para hacerle el caldo más gordo a nuestro vecino del norte en su lucha (y esta parece ser la razón de fondo) contra China.

Kelsey afirmó que no era para nada un signo de salud democrática el hecho de que el gobierno de Nueva Zelanda estuviera haciendo negociaciones a espaldas de la sociedad neozelandesa, y luego lanzó la pregunta: ¿es normal en una democracia no informarle a la sociedad las decisiones que, en secreto, se están tomando en su nombre?

La misma pregunta habría que hacérnosla en México. Es comprensible que la violencia producto del narcotráfico esté tomando por asalto las páginas principales de los medios de comunicación, pero también es importante que los especialistas mexicanos en estos temas alerten a la sociedad mexicana sobre sus consecuencias.

De otra manera, nuestro bienestar futuro seguirá, sin duda, ensangrentado.

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