Apología del cangrejo

Un país en el que los consensos son imposibles no hace sino avanzar retrocediendo. En la actualidad, no he visto en absoluto buena disposición de la oposición hacia las propuestas del gobierno de Mario Anguiano, que ya va cumpliendo su año. Más allá de que su estrategia contra la delincuencia sea efectiva o no, más allá de que el cobro de la tenencia o pago de placas sea viable o no, más allá de que proteja o no al ex gobernador Cavazos, la oposición –muchas de las veces con mero afán protagónico, casi en automático- niega, rechaza, manotea, sin darse cuenta que, en clara contradicción, esto mismo no sucede contra aquello que propone, para el caso de los blanquiazules, por ejemplo, que es, hasta donde veo, la única y real oposición en Colima, el presidente Carlderón o, para no ir tan lejos, la presidenta de Villa de Álvarez. Al menos no oí que dijeran nada –sigo hablando de los panistas- con respecto al mural en deterioro del pintor Chávez Carrillo, y yo no creo que ninguno en su fuero interno valide tal vejación. Lo mismo sucede con la estrategia de combate al narcotráfico del gobierno federal, que ya ha cobrado la vida de muchos civiles y que, sabemos, tiene detrás grandes intereses estadounidenses, sin que en Estados Unidos, curiosamente, encontremos los charcos de sangre que hay aquí. ¿No tendría que estar pasando algo similar si pensamos que es un país que, bien o mal, está implicado en el mismo problema? Bien, pues –y sigo hablando de los panistas- no han dicho nada. No he visto al diputado federal Locho Morán abordando intempestivamente al presidente Calderón para exigirle que cambie su estrategia porque lo que necesitamos no son armas (que Estados Unidos nos vende muy caras) sino libros, mucha educación de calidad, que nos permitirá, en el futuro, no sólo construir nuestras propias armas, sino también revolucionarnos tecnológica y científicamente, sacando al campo –prioridad urgente- del olvido. No lo he visto ni a él ni a la senadora Martha Sosa ni a nadie, con lo cual quiere decir que son también copartícipes de tales crímenes, porque el que calla otorga. No se me malinterprete: no soy priísta ni panista ni perredista ni nada que se le parezca, aunque debo confesar –eso sí-  que añoro una izquierda real y una participación más sensata de algunos priístas y otros tantos –que no todos- panistas. Por mi parte, yo dejaría los pleitos personales y viejas rencillas de políticos viejos (hay que voltear al pasado pero sólo en tanto nos sirva para proyectar nuestro porvenir- y empezaría por darle un voto de confianza al gobierno de Mario Anguiano –se lo estoy dejando aquí ya-, quien va cumpliendo apenas su primer año como gobernador, para luego esperar –ahora sí todos vigilantes- que el buen uso de los recursos que vienen de la ciudadanía regrese a  ella de la mejor forma, porque, como lo sabe la sabiduría popular, no podemos empezar a llorar antes de que nos peguen.

Afmedios

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