Attolini y Televisa

Quien haya leído ‘La Política’, de Aristóteles, se dará cuenta de que todo el primer apartado está dedicado a justificar la esclavitud.

 

Las posiciones que daba Aristóteles inquirían sobre si los hombres eran esclavos por naturaleza o no, como si lo eran libres o no, esto es, si unos nacían para mandar y otros para ser mandados, si unos para vivir bien y otros para no, que hoy parece reducirse simplemente a la desigualdad que encontramos entre ricos y pobres, y las nuevas formas de esclavitud que median entre estos dos mundos: el de los que tienen todo y el de los que no tienen nada.

 

A Aristóteles le costó mucho trabajo justificar que los esclavos lo eran por naturaleza, pero al final –al fin que discutía con muertos o con vivos a los que trataba como “hay quienes piensan lo contrario”- se salió con la suya. Luego de justificado el esclavismo, pasó  a analizar las formas de gobierno. Etcétera.

 

No reseñaré el resto de ‘La Política’ porque por ahora lo que me interesa es ver las analogías que existen con la política mexicana, y con algunos intelectuales que, como Aristóteles, han utilizado la inteligencia no para encontrar la verdad, ni siquiera para intentar buscarla, sino para justificar sus intereses personales.

 

Como no quiero pecar de lo mismo que pecó Aristóteles, me estoy refiriendo a intelectuales como Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín o el propio Jorge Castañeda. Y a otros malogrados, como el propio Antonio Attolini, ex vocero del movimiento #YoSoy132 y hoy pensador exclusivo de Televisa.

 

Fue precisamente la traición que consumara Attolini contra el movimiento #YoSoy132, y la justificación que diera de su anexión a Televisa, lo que me hizo recordar de súbito el primer apartado de ‘La Política’ de Aristóteles y, de paso, a los intelectuales que defendieron ciegamente al hoy presidente electo Enrique Peña Nieto, aun cuando estoy de acuerdo en muchas de sus posiciones contra la –en más de un sentido- retrógrada izquierda mexicana.

 

La justificación que dio Attolini al integrarse a Televisa no se sostiene, obviamente, con nada, como tampoco se sostienen las argumentaciones de Aristóteles sobre el esclavismo, que también lo beneficiaban, como a Attolini con su decisión de unirse a Televisa, y como a Aguilar Camín, Krauze y Castañeda al apoyar desmedidamente a Peña Nieto.

 

La enseñanza de todo esto no es que comprobemos que los líderes sociales mexicanos no luchan sino por sus propios intereses, ni tampoco que el poder de los monopolios en nuestro país es invencible, sino la forma (ya desbordada) en que se ha incrementado nuestra falta de credibilidad hacia nuestra clase política, intelectual y, ahora, estudiantil.

 

Como en el caso, dicho sea de paso, del joven Attolini, quien, con toda desfachatez, invirtió el mito heroico: creyó que salvándose él y sacrificando al movimiento #YoSoy132 salvaba al país. Y no a la inversa.

 

 

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