Carta abierta a Adalberto Carvajal

Siendo Adalberto Carvajal un periodista lleno de virtudes, aunque con escasa libertad para decir enteramente lo que piensa, en realidad no me cabe en la cabeza que no pueda comprender el motivo real de mis críticas al rectorado de Aguayo López. ¿De veras creerá Adalberto Carvajal que es un asunto eminentemente personal? ¿de veras creerá, siendo un periodista tan suspicaz, que esto es una cuestión de “sentimientos rotos”? No lo creo, pero como él –y otros como él- están confundidos, voy a hacer la aclaración una última vez, y esta misma la enviaré por correo electrónico–ya que soy el poeta del internet- a todos aquellos que aparezcan por ahí dudándolo o haciéndose también los confundidos mañana o pasado mañana. Aquí va, en pocas palabras, lo que todo el mundo sabe y no se atreve ni a pensar ni puede, por obvias razones, decir: ya está demostrado y es del dominio público que el rector Aguayo López tiene claras alianzas con dos personajes que representan la corrupción y la arbitrariedad en el estado: Fernando Moreno Peña y Arnoldo Ochoa González, a quienes  yo mismo critiqué -¿o ya se les olvidó tan pronto?- durante las elecciones pasadas, en favor del actual gobernador electo Mario Anguiano, quien representaba –y aun creo que representa, puesto que ni siquiera ha empezado- la mejor vía para nuestro estado. Pero además de que es del dominio público esta relación perversa, yo mismo lo supe por cuenta propia. ¿Que cómo supe de esta relación turbia entre Aguayo y estos personajes oscuros? ¿Lo supuse yo? ¿soñé? No, no lo supuse ni lo soñé. Lo supe cuando el propio Aguayo López –quien creía que podría comprarme, como parece que ha comprado a muchos, y quien está convencido que escribo por dinero- me mandó una enfurecida reprimenda por haber criticado a sus “amigos” y además realizó otras acciones que, de ser necesario, pondré a la luz pública para evitar que periodistas como Carvajal se sigan confundiendo. Como yo tengo convicciones y soy coherente con mis actos, pero como además no tengo coartada ni siquiera parcialmente mi libertad para decir lo que pienso, cuando yo supe de estas alianzas reales con Moreno Peña y Ochoa González, pero además empecé a recibir correos –que conservo- en donde me hablaban de todas las tropelías cometidas por el rector Aguayo López, en cuyo proyecto de universidad creí en algún momento, supe que su idea de universidad y la mía eran completamente distintas, sobre todo cuando – en su propia oficina- me habló apasionadamente de sus deseos y posibilidades –trajo hasta a una estadista extranjera para que se lo dijera al oído- de ser gobernador del Estado, cuando él mismo había prometido –así se lo expresó a otros que estaba ahí también y quienes no me dejarán mentir- acabar con esa tradición de hacer de nuestra alma máter un mero trampolín político. Ante este escenario no tuve más remedio que hacerme a un lado tajantemente y empezar a alertar (para que cayeran en confusiones como Adalberto) a la sociedad en general y a los universitarios en particular, a través del ejercicio real de la crítica, del riesgo que implica permitir que el próximo rector tenga las mismas características que el rector Aguayo López, es decir, que no sólo sea corrupto, nepotista, arbitrario o represor, sino que además vuelva a utilizar la universidad como mero trampolín político o como la caja chica de sus intereses personales, lo que sería realmente lamentable, sobre todo si llega algún personaje –como veo que pasará, ahí está el caso de la UdeG- relacionado con los porros. Decir, pues, que mis críticas tienen que ver con un “asunto personal”, esto es, decir que yo escribo mis artículos desde el rencor y el odio, desde la venganza o para conseguir alguna prebenda, decirlo así es la argucia más bobalicona para no responder a los cuestionamientos de fondo que he hecho en mis artículos y que Adalberto Carvajal ni siquiera ha sabido leer bien o no quiere leer bien. Pero le voy a decir lo que pasa aquí. Aquí lo que pasa es que por primera vez el azul es azul y el rojo, rojo, y resulta que, por vivir en un mundo tan lleno de simulaciones, nadie puede creerlo, nadie quiere creerlo, a nadie le cabe en la cabeza que sea así, por eso todos creen que si yo escribo es necesariamente porque hay intereses de alguien atrás de mí, o porque quiero conseguir una prebenda (¿no deje claro en un artículo que no quería nada?), o porque estoy ardido (¿creerá Adalberto que amando como amo la literatura tengo tiempo de estar ardido?), o porque soy un becario ingrato (¿creerá Adalberto que por una beca se tiene que vender alma y convicciones? ¿vive él esa tragedia?). Nadie, sin embargo, como ya he dicho y repetido hasta el cansancio, ha respondido a mis cuestionamientos de fondo. No a los “chismesitos”, sino a los cuestionamientos de fondo. Nadie. Al rector solamente se le preguntó -en una nota amañada, que incluso sacó mejor el Diario de Colima– por el Sorteo Loro y el lugar de la universidad de Colima, obteniendo respuestas boludas que, por eso mismo, ni me voy a detener a rebatir, pero por qué no se le preguntó también sobre cuándo iniciará la reforma a la ley orgánica universitaria (acción apremiante ante el escenario por venir), por qué no sobre la concesión de más de cien hectáreas que hizo de terreno en Tecomán a una empresa de dudoso origen para lo del mentado Puerto Seco (decisión también arbitraria), por qué no sobre los desmanes que ocasionó el ingreso de su hijo y el maestro de su hijo a la Dirección General de Servicios y Tecnologías de Información, en donde hubo personas que perdieron incluso el empleo, por qué no sobre la imposición misma que significa el Sorteo Loro (¿o fue aceptado bajo consenso unánime de la comunidad universitaria y de los propios becarios a los que se les obliga también a comprar los boletos?), por qué no sobre los columnistas que cobran buenas compensaciones en la UdeC (y esto no lo dije yo sino el propio Juan José Farías, amigo mismo del rector), por qué no sobre si presentó el rector este año la propuesta para el premio SEP-ANUIES (que es en lo que debería realmente ocuparse), por qué no sobre lo que ha hecho el rector para silenciarme (que Adalberto sabe mejor que nadie), por qué no sobre las represalias que está ejerciendo en personas que nada pero que nada tienen que ver con mis críticas. Etcétera. Entiendo que Adalberto está contra la espada y la pared, que lo ha estado siempre sin ninguna necesidad, siendo él un periodista inteligente e incluso didáctico que merece todo mi respeto, por eso no me cabe en la cabeza que no sólo no pueda entender el porqué de mis críticas hacia el rectorado de Aguayo López, sino que tampoco pueda entender que critica a otros de oficiosos sin darse cuenta que él mismo es un oficioso y que en sus artículos (como lo demostraré después) se nota el esfuerzo titánico para hacer el caldo dulce al rector. Además, como se verá en mi próxima colaboración de El Financiero, que le enviaré a Adalberto vía email, lo que está sucediendo en la Universidad de Colima está sucediendo en muchas otras universidades del país, ¿eso tampoco lo sabía Adalberto Carvajal? Es un problema nacional y no personal (¿o realmente cree Adalberto que la crisis de las universidades públicas de México en este sentido son por “problemas personales”? Como no creo que lo piense,  invito a Adalberto y a otros periodistas a que se sumen realmente para hacer algo por el bien de nuestra alma máter, porque estoy aseguro que más daño le hacen los paleros que los que, aun cuando se esté en desacuerdo, decimos lo que pensamos. Y que queden claras un par de cosas más: yo sólo apoyaría la permanencia del rector en su cargo hasta en tanto muestre un interés real por el destino de la Universidad. Y ese interés básico está resumido en la reforma a la ley orgánica, en el establecimiento de procesos transparentes para la selección del próximo rector, al que debe exigírsele eminentemente ser un académico, pero además en la creación firme de procesos y estrategias que apoyen a la docencia, a la investigación, a los estudiantes mismos, sin sorteitos ni plantación de arbolitos ni demás bobadas. ¿Sabe Adalberto cómo se reirían mis colegas de aquí de Otago si les digo que mi alma máter realiza sorteos y hace campaña de plantación de arbolitos y el rector sale en el periódico con curas de iglesia y camina rodeado de paleros y tiene un restorán y quiso ser gobernador del Estado y metió a trabajar a su hijo a la Universidad durante su propio periodo y que tampoco es matemático ni experto en políticas educativas y ni siquiera sabe redactar un oficio –y de esto me consta también? ¿Entenderá Adalberto Carvajal lo que estoy diciendo y el nivel de diálogo y discusión que busco y propongo? ¿Así es como después de todo reduce mis críticas a un mero “asunto personal”? Hay mucha gente valiosa en la universidad, mucha, y no voy a dar nombres por ahora –pero los daré- porque no quiero dejar a ninguno fuera, pero de qué sirve si la ley orgánica actual le da al rector un poder de decisión absoluto y eso le da la potestad de hacer lo que quiera con quien quiera. ¿Es una Ley Orgánica universitaria justa entonces? ¿Adalberto justifica también no reformarla? La Ley Orgánica universitaria así como está, y Adalberto lo sabe mejor que nadie pero se hace el confundido, sólo alienta tiranías y, con ello, sólo coarta la libertad de expresión, la libertad de aspirar y la libertad incluso de sentir, y eso mismo niega todo proyecto de una universidad que realmente se jacte de serlo, una universidad verdadera. Y porque yo fui estudiante de la universidad de Colima pero también trabajador de la misma (¿o tampoco se acuerdan?) es porque conozco su realidad y porque tengo el derecho –y siento la obligación, ya que muchos no pueden por las razones obvias, y ahora me queda claro que ni el propio Adalberto- de hacer las críticas que hago. Espero que esto aclare no sólo a Adalberto, sino a muchas personas que están confundidas (incluido el poeta Jorge Vega), el porqué de mis críticas al rectorado de Aguayo López, y de que sepan que seguiré haciéndolas desde todos los niveles y ámbitos posibles, no importa que con ello me gane el desprecio de unos y el odio de todos los demás. No importa.

Ecos de la Costa

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2 comentarios en “Carta abierta a Adalberto Carvajal”

Hola, te acuerdas de mí? Estuve en la presentación de tu libro “Conducir un trálier”. A lo que voy, a todos aquí en la facultad de Letras nos tienes intrigados y te seguimos con tus publicaciones en el Ecos, bueno total: admiro tu valor de decir esas cosas que a muchos nos hace falta valor o nos callamos por medio a la represión y sí entiendo: luchar contra las injusticias es que a uno se le revierta la justicia; pero, sería peor como tú dices callarse porque, el que lo hace es que está admitiendo lo que sucede. Sigue escribiendo, puesto que nos das la sal y la pimienta a esta sopa de letras…

Andrés Gerardo García Noriega 30 septiembre ,2009 a las 9:57 pm

Aprovecho para saludarte y felicitarte por la publicación de tu libro “Conducir un trailer”. Un logro sin duda muy significativo en tu carrera. Por otra parte, los comentarios que has hecho sobre la gestión de la Universidad de Colima y su máximo logro (el sorteo Loro), son totalmente ciertos y verificables, además de compartidos por muchos. El problema principal de la educación superior en México (desde luego no el único) considero que es la “administración de la educación”. El dnero que circula en las universidades y que se exige por parte de las autoridades universitarias a la Federación y a los gobiernos de los Estados gira en torno precisamente a incrementar su capacidad de “administrar” la educación, cuestión diferente a la educación en si misma. El problema aquí se plantea en como revertir esa tendencia que ha inflado la burocracia universitaria a niveles intolerables (entendida esta como feudo político) y que ha convertido a las universidades en “islas” sustraidas a condiciones mininas de transparencia y rendición de cuentas, así como de democracia interna que permitan regenerar la fuerza creadora de los unversitarios mediante su participación en igualdad de circunstancias en la toma de las decisiones. No hay pues un compromiso en términos reales sobre calidad de la investigación, democratización del espacio universitario, transparencia y rendición de cuentas. El que el máximo logró en los últimos años de nuestra Universidad sea el “Sorteo Loro” es sintomatico de que algo anda mal. Saludos desde Colima. Andrés.

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