Carta Abierta para: gobernador, rector y huelguistas

Carta abierta para:

el gobernador del Estado de Colima

el rector de la Universidad de Colima

elComité de Apoyo a los Universitarios en Huelga de Hambre

 

Antes de plantear lo que considero más apremiante del conflicto generado entre algunos miembros del Sindictado Único de Trabajadores de la Universidad de Colima (SUTUC) y las autoridades de nuestra máxima casa de estudios, quiero ratificar que respeto a las tres figuras líderes de esta contrariedad: al gobernador del Estado, licenciado Mario Anguiano, al rector de la Universidad de Colima, contador Eduardo Hernández Nava y al ex líder del SUTUC, Dr. Leonardo Gutiérrez Chávez, únicas personas capaces de dar una salida definitiva a este conflicto.

Dicho lo anterior, planteo lo siguiente: si bien el asunto que motiva este conflicto, incluida la huelga de hambre que ahora llevan a cabo algunos universitarios afuera de Palacio de Gobierno, tiene como motivo principal el Fondo Social de Apoyo al Pensionado (FOSAP), además de la deposición del Dr. Leonardo Gutiérrez como lídear del SUTUC, no debe ser esto ya lo que anime a las instancias implicadas a resolver esta desavenencia sino, por encima de todo, algo que será muy difícil resarcir: las relaciones interpersonales al interior y exterior de la comunidad universitaria, donde –es posible verlo ya en las redes sociales- es visible su deterioro. Quien se asome un poco a los perfiles de los grupos en disputa (en Facebook y en los diferentes medios de comunicación), podrá corroborar el intercambio de injurias, insultos y agravios que se lanzan unos a los otros, y cómo poco a poco se van implicando en ellos más y más universitarios, pues los que luchan por lo que consideran su legítimo derecho (los universitarios en huelga de hambre) ofenden -o se defienden, lo que es entendible- de los universitarios que han decidido no participar de tal movimiento, y a la inversa. He visto, pues, con tristeza cómo con el correr de los días el tejido de las relaciones interpersonales de la comunidad universitaria (más allá de la razón o sinrazón de las denuncias y contradenuncias de este conflicto) se desgarra y deteriora, y esto no es sano para una institución educativa que ha sido (y es) el principal motor de desarrollo de nuestro Estado.

No queramos ahora saber quién tiene la razón. Yo mismo, al iniciar esta carta, iba a hacer un recuento para indicar dónde (en la historia de nuestra alma máter) está (según mi criterio) el origen de todos los problemas actuales (incluido el nombre de sus responsables), pero sería entrar, repito, en un debate estéril, pues cuando ya gobierna la ira (e, incluso, el orgullo) la sensatez y el buen juicio desaparecen.

Lo importante, insisto, es que las tres instancias implicadas detengan de una buena vez el conflicto y lo dejen en manos de las autoridades de justicia. Que sean los tribunales de justicia los que determinen quién tiene y quién no tiene la razón, y que las instancias implicadas lo respeten. ¿Que los tribunales locales no lo hacen bien? Entonces acúdase a los federales. El Comité de Apoyo a los Huelguistas ya obtuvo una muestra (de parte de un Juez de Distrito) de que la justicia federal está haciendo su trabajo, y esta vez estuvo a su favor en cuanto al amparo promovido. Se debe, insisto, confiar en nuestro estado de Derecho, nos sea adverso o no. Estos son los tribunales que tenemos (buenos o malos, nos gusten o nos agravien) y a ellos debemos sujetarnos, hasta en tanto mejores tiempos los perfeccionen.

Invito, pues, al gobernador, al rector y a los huelguistas universitarios para que se rindan a la única solución que puede (y debe) ser un ejemplo para todos los estudiantes universitarios, razón más importante de nuestra alma máter: la Ley, representada por nuestros tribunales de justicia y no por los medios de comunicación, que han sido más contraproducentes que benéficos en este conflicto.

Yo soy un egresado de la licenciatura en Derecho y de la licenciatura en Lengua y Literatura Españolas de la Universidad de Colima, en la que trabajé como académico, además de haber trabajado también para la Procuraduría General de Justicia y el Supremio Tribunal de Justicia del Estado, soy un colimense profundamente comprometido (erráticamente para algunos, acertadamente para otros, así es esto) con su realidad social, política y cultural (y toda mi obra literaria y periodística lo demuestra), por eso me lastima la enorme brecha que se está abriendo entre los miembros de la comunidad universitaria e incluso más allá, porque todos, de alguna forma, fuimos, somos o seremos tocados por ella.

Reitero mi respeto al gobernador Mario Anguiano, al rector Eduardo Hernández y a los universitarios en huelga de hambre (Leonardo Gutiérrez Chavez, José Jesús Lara Chávez, Javier Herrera Baez, Herminio López Ramírez, José Miguel Rodríguez Reyes, Jesús Ponce Ochoa y Pedro Vidrio Pulido).

Cierro esta carta un poco a la manera de aquella otra que el Ché Guevara le envió al poeta español (exiliado como yo) León Felipe: “Si se sienten tentados por el desafío, mi invitación, entonces, vale”.

Rogelio Guedea

Nueva Zelanda, 17 Mayo 2014

 

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