Caso Cecut Tijuana

He sido un espectador más bien pasivo con respecto al caso Cecut Tijuana y al nombramiento que hicieron de Virgilio Muñoz como director de este centro pese a la renuencia de un importante -el más importante- sector de la cultura tijuanense, que además incluye a escritores y artistas de todo el país. El simple hecho de desoír la disidencia y obviar las posturas de este amplio sector por parte de las autoridades culturales nacionales (en especial la directora del Conaculta, Consuelo Sáizar) es ya, de entrada, un acto inaceptable y temerario. Pero ahora el asunto enclava en lo siguiente: si después de todas las manifestaciones en contra de este nombramiento no ha habido una respuesta positiva por parte de Consuelo Sáizar, ¿qué sigue? ¿Que intervenga el presidente de la República? ¿Que se secuestre al Cecut? ¿Que la mirada de observadores extranjeros meta las narices por la ventanilla del despacho de Virgilio Mendoza? Lo cierto es que la arbitrariedad y el nepotismo no pueden gobernar el hartazgo de quienes son los reales hacedores de la cultura tijuanense y cuyo patrimonio se extiende a todo México. El reclamo debe seguir en pie, abierto a cualquier desafío, porque lo contrario es validar una tradición construida a base de desánimos y canonjías. Y hacerlo así es darle el espaldarazo a la desvergüenza.

Escribe un comentario en este artículo

Comentarios