Caso Universidad de Colima. Historias Anónimas I.

Es una contradicción pensar que la verdadera educación (la formación intelectual, moral, sentimental, etcétera) tiene como objetivo crear hombres sin libertad, sin ideas críticas o de justicia, sin aspiraciones democráticas y de igualdad. Pero si notamos que éste es precisamente el tipo de hombre que vive o egresa de las aulas universitarias, entonces algo de fondo no anda bien. Este comentario pareciera tocar un aspecto tangencial de la educación mexicana, pero en realidad – si se observa bien – no hace sino subrayar uno de los ámbitos de mayor trascendencia para el desarrollo y perfil de las sociedades: el de la conciencia social. Los niveles de conciencia social – y ya no los puramente económicos – son los que determinan ahora qué países pueden considerarse de primer, segundo o tercer mundo. A mayor conciencia social, mayor civilidad. A mayor civilidad, mayor respeto a la legalidad. Y a mayor respeto a la legalidad, mayor oportunidad de acceder a una mejor calidad de vida, que es – finalmente – lo que todo ser humano busca. Pero sucede que a esto no se puede llegar sin bases educativas sólidas, pues son éstas las únicas que alientan las ideas de libertad, democracia, igualdad, justicia, conciencia social y civilidad. De ahí la necesidad de insistir en que el destino de la educación mexicana – desde la preescolar hasta la universitaria – esté en buenas manos. Yo, como académico universitario, tengo como ámbito la universidad, así que es la educación universitaria mi marco de reflexiones y la sociedad en general – no los cinco o diez que puedan verse afectados por mis comentarios – la depositaria de mis ideas, aun cuando no se esté de acuerdo con ellas. Lo que he querido hacer desde que empecé a cuestionar al rectorado de Aguayo López es, simplemente, pensar en voz alta y señalar públicamente lo que muchos ya saben de primera mano y otros querían corroborar. Obviamente, en este momento el espectador o lector no podrá fiarse de la información emitida por los diferentes medios de comunicación con que cuenta nuestra máxima casa de estudios porque – vaya paradoja – lo que intentan es desinformar y “aparentar” que todo marcha sobre ruedas. Lo que intenta es: no educar. Ha sido tanto ese afán que han llegado al exceso de hablar de las personas como si se tratara de mercancías. No menos el otro día leía una nota en la que se ponderaban los valores de un deportista universitario no con adjetivos exactos como “reconocido deportista” o “condecorado deportista” sino con adjetivos propios del marketing: “deportista de clase mundial” (“UdeC. Es Cristóbal Aburto profesor de judo de clase mundial”). Espero que esto no les vaya a llevar a cometer el exceso después de decirnos que tenemos también “secretarias de clase mundial” o “académicos ISO-Loquesea” o “un oficio rectoral sin fronteras”. Como se están llegando, decía, a excesos irrisorios con tal de simular la mediocridad del rectorado de Aguayo López – que es tanta que tiene que recurrir a malabares mediáticos –, yo, para compensar, daré muestras pequeñas de la otra realidad (la verdadera) que padecen los universitarios de todos los niveles (académicos, administrativos, estudiantes, etcétera), para que la sociedad en general (que es la que me importa y no los cinco o diez que se vean afectados por estos comentarios) llegue a sus propias conclusiones. Iniciaré con una mensaje que llegó a mi buzón electrónico hace ya algunas semanas. Por supuesto, el remitente me pidió su anonimato pero eso no quiere decir que ante una instancia legal, en caso necesario, no pueda ratificar su veracidad. Aquí el mensaje en donde habla del despido que sufrieron trabajadores de la UdeC debido al ingreso arbitrario del hijo del rector Aguayo López:
“Qué tal Sr. Guedea, espero se encuentre bien.
El día de hoy mi hermana me dice que lea un artículo que publicó Rogelio Guedea, que el esposo de ella ayer lo leyó y donde escribe cuestionando al rector de la UdeC. Cosa que a mi en lo particular me interesa, ya que estoy completamente de acuerdo contigo de lo que cuestionas y todo es cierto, déjame decirte que yo fui uno de los que dejó sin empleo por cuestiones laborales que no coincidimos con el Jr. y su grupo de cuates (de generación y juegos cibernéticos). Rogelio, hace varios días cuando vi un artículo tuyo donde cuestionas también al rector hice el intento de tener contacto contigo, no lo logré (parece que lo lograré con este correo), entonces quise triangular con XXXX para que él te hiciera llegar dicho correo (se encuentra redactado abajo). Espero te sirva de algo y puedas hacer más por nuestra causa injustificada de despido… (cosa que ya no me importa porque a estas alturas gracias a Dios me va mucho mejor y si hubiera seguido en la UdeC con ese ambiente, ahorita estuviera enfermo o quizá hospitalizado).
Saludos…
PD. Cuento con una grabación donde estamos los tres despedidos y el abogado general de la UdeC cuando nos despidieron, sólo que ahí sí tengo recelo o miedo a represalias. (…) Resulta que el señor este (rector Aguayo) hizo un movimiento en una de las dependencias para nombrar y posicionar al Jr. (su hijo) y su bola de cuates en esa dependencia (entre esos movimientos el que quedaría de director de dicha dependencia , que ahora por su puesto que ya lo ascendió más, como coordinador) aún no perteneciendo nunca a la nómina de la UdeC, pero el secreto viene de que esta persona le ayudó a su hijo a pasar la maestría (en el Cisese, ensenada), ya que lo habían reprobado y en pago a eso lo puso como director, no antes con un circo barato dizque de evaluación de las TIC’s en la UdeC lo trajo para hacer un estudio valín (bien hecho) para pagarle dos años que duró supuestamente ese estudio y después posicionarlo como director).
Si bien el 80 por ciento del personal se cambió, renunció y otros los corrieron, te estoy hablando de gente que tenia hasta 15 años de trabajo, ese cambio fue denigrante, humillante y amenazante por parte del rector, Jr. y achichincles lame huevos. Siguiendo con el tema de los tres corridos, los inculparon de unos atentados de bomba en la UdeC (en pocas palabras casi les dijeron terroristas), con ese cuento les salieron, además el abogado general de la UdeC se los dijo y los llamó para liquidarlos sin más ni más (sin darles tiempo de protegerse o protestar, ahí mismo los amedrentaron) y todo esto por que estas tres personas, al igual que muchas más, no estuvieron de acuerdo con el Jr. y no le correspondieron. Por lo tanto esas tres personas de trabajo, de lucha de principios y valores, pero sobre todo por amor a la UdeC, los botaron por caprichos del rector y el Jr., y les robaron un proyecto de vida. XXX, bien sabes que estas cosas son delicadas y como te lo mencioné confío en ti y esto es sólo una probadita de ese tema en esa dependencia que con sarcasmo, prepotencia, intimidación y humillación, va el Jr. de 12 a tres de la tarde de lunes a viernes sólo a jugar en las computadoras con sus demás compañeros de generación”.
¿Es ese el rector de clase mundial que queremos los universitarios? ¿Nos va a dar el rector una explicación sobre esto? ¿Cuántos casos más como éste se necesitan para que el rector o rectifique o dimita? Espero que estas denuncias vayan dejando clara la necesidad de no postergar los cambios sustanciales (en todos los ámbitos) que requiere nuestra máxima casa de estudios, y que además no queden impunes los actos de arbitrariedad, nepotismo, corrupción y represión cometidos por el rector Aguayo López, porque con ello se estaría violando también nuestro estado de derecho.

Ecos de la Costa


Escribe un comentario en este artículo

Comentarios