Centro o margen: rumbo a las elecciones de 2015

Parece que ya es inevitable hablar sobre la sucesión gubernamental de 2015. De unas semanas a la fecha, más del cincuenta por ciento de los opinadores locales tocan el tema. Enlistan y desenlistan. No es para menos: la euforia por conseguir el cargo principal del estado auspicia estas prematuras aspiraciones.
Donde se radica la mayor contingencia es, por supuesto, en el PRI, que ahora no sólo tiene el mando local, sino además el federal, lo que cambiará sensiblemente la mecánica de la elección interna para elegir a su candidato, que, sin duda, será quien gane las elecciones. Salvo que suceda una inesperada catástrofe, nadie duda de que el PRI volverá a ser el partido en el poder. Pero el PRI, ahora mismo, está doblemente dividido, y esto es lo que generará más expectativas y hará más compleja la elección interna: no sólo están los candidatos divididos en el ánimo del actual mandatario estatal, Mario Anguiano, sino también a nivel federal, frente a lo cual algunos son más débiles que otros. ¿La decisión vendrá, entonces, del centro o del margen? Si se impone el centro, entonces el candidato principal sería, sin duda, Ignacio Peralta, pero además podrían entrar dentro de esta vertiente los diputados federales Miguel Ángel Aguayo y Arnoldo Ochoa. Si se impone el margen, entonces el candidato natural sería, sin duda, en este momento, Federico Rangel, pero además podrían encartarse sin ningún problema Enrique Rojas (quien viene haciendo una labor intensa desde Villa de Álvarez), Mely Romero, Rafael Gutiérrez, Rogelio Rueda y el mismo Nabor Ochoa. Las filias que tengan unos y otros con ciertos actores políticos estatales, pero con presencia nacional (como el propio Fernando Moreno Peña), marcará también un punto de quiebre a la hora de definir al candidato, porque podría tener la venia del presidente de la República, pero no la del gobernador del Estado, y en esa diferencia es posible que un tercero en discordia, que unifique centro y margen, pueda ser la que resuelva el desencuentro. He aquí, pues, la complejidad de la elección interna del PRI a la gubernatura. Por eso, tal vez, el mandatario estatal, Mario Anguiano, se ha decantado por algo que es infalible: el trabajo que realicen los precandidatos a la gubernatura y el grado de aceptación que logren en los sondeos de opinión.
Es la vía, sin duda, más democrática y, por ende, justa, y es la que todos los precandidatos deberían aceptar como regla esencial del juego. De otra forma, en la próxima elección interna del PRI perderán todos.

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