Consenso y partidos políticos

Si mi país o ciudad fuera vista como una casa, una sola casa en donde convivieran padres, hermanos, mascotas, e incluso plantas de ornato, y esta idea de filialidad estuviera en la cabeza de los habitantes, quienes sabrían entonces que salir a la calle a hablar mal de su propio hermano o padre es deshonrarse a sí mismos, entonces nos daríamos cuenta de la importancia de llegar a consensos reales en los que la tolerancia fuera la maestra de ceremonias. No cabe duda que, como lo dijo recientemente el investigador José Sosa López, la ganancia de los gobiernos es la legitimidad. Esto mismo, hace más de doscientos años, lo había dicho ya Benjamin Franklin, quien para demostrar la importancia de sacrificar todo al bien público, y la importancia que debe resultar tanto para casas vecinas (ciudades o países extranjeros) como para el seno nuestro, la unanimidad real a la hora de buscar consensos, escribió: “una gran parte del poder y de la eficacia de todo gobierno para procurar y asegurar la dicha del pueblo depende del conjunto de la opinión, de la opinión general que pueda formarse a favor de la bondad del gobierno, como también de la sabiduría y de la integridad de los que gobiernan.” Y luego, refiriéndose a la Constitución que querían aprobar, agregó: “Espero, pues, que por amor de nosotros mismos, como que formamos parte del pueblo, y también por amor de nuestra posteridad, nos dediquemos cordial y unánimemente, a recomendar esta Constitución por todas las partes donde nuestra influencia pueda extenderse, y que, en lo sucesivo, encaminemos nuestros pensamientos y nuestros esfuerzos hacia las medidas que deben adoptarse para que sea bien administrada”. Y concluye: “en fin, aprovecho, señor presidente, esta ocasión para manifestar cuánto desearía que, a mi ejemplo, depusieran un poco de su propia infalibilidad los miembros de esta asamblea que creen notar algunos defectos en nuestra Constitución; y que para dar una prueba manifiesta de nuestra unanimidad, firmásemos todos la aceptación”. Yo no sé cuánto tenga que ceder el gobierno y cuánto los partidos políticos que lo rodean para propiciar el “pacto de civilidad”, pero tengo la certeza, eso sí, de que es necesario que depongan (los que la tengan) esa soberbia de tener siempre la razón para evitar que en la casa vecina nos vean como una familia de muy baja ralea, incapaz, incluso, de hacerse el bien a sí misma.

Ecos de la Costa / AFmedios / Este Paracaídas lo puedes escuchar en La Mejor FM, 92.5 de tu radio, martes a las 8:30.

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4 comentarios en “Consenso y partidos políticos”

¡Bravo poeta! como siempre con el costal lleno de razones.
No es necesario que me escribas,quìtate esa costumbre de perder el tiempo contestando correos.Mejor escribe y publica,porque invariablemente sigo leyèndote gozosa.Las voces y plumas como las tuyas, son de las indispensables(como dijo Brecht), para seguir alimentando la esperanza de que nuestro paìs puede cambiar para mejor.

En ese sentido, me gustaría pensar que quienes militan en un partido político son personas conscientes de la importancia de mantener una posición ética primero consigo mismos, luego con los demás, y por último, con su propio partido.Evidentemente no todos tenemos la misma visión, ni compartimos los mismos valores. El bien social, no parece ser interés prioritario. Sin embargo, creo que podemos pensar en las posibilidades. Lejanas, pero existen y podemos acercarlas siempre y cuando seamos capaces de establecer compromisos con nosotros primero y luego con quienes nos rodean. Ojalá comencemos ya a pensar de forma distinta. El pueblo también y más que nunca, tiene capacidad de razón.
Gracias Rogelio porque estando ausente, sabes permanecer entre nosotros.

Alaric Gutiérrez 15 marzo ,2011 a las 12:50 am

Habría entonces que ir más al fondo de nuestra historia primero entendiendo el contexto en el cual Benjamín Franklin escribió esas lineas. Hay que recordar que, antes que nada, su nacionalidad era inglesa, conocía a los ingléses y sabía de la importancia que la opinión pública juega en casos como estos, tenía esa sencibilidad propia de los diplomáticos (algo que los norteamericanos han olvidado), y entendía los procesos evolutivos, era un hombre visionario, para ponerlo en pocas palabras. Ahora bien, ¿donde estuvo el Benjamín Franklin mexicano durante la guerra de independencia? ¿acaso podemos creer que no hubiese habido alguien al menos con el sentido común y la mínima intensión de Franklin en México? Es aquí donde hemos fallado como pueblo, no hemos sido capaces de reconocer y de entender a los verdaderos hombres de visión, de ideas, de diálogo. Honrámos a curas y a generales, a caudillos y a bandidos, pero a aquellos hombres que no empuñaron armas sino ideas los echamos al olvido. Entonces para ser hombres de verdad en este país es necesario ser un completo macho, dárse de topes contra la pared, gritar más fuerte que los demás, hacer las cosas por pelotas, eso es tener “actitud”.
Mientras tanto, los historiadores siguen escribiendo anecdotarios y complaciendos a chovinistas retrógradas con fechas e idealizaciones mundanas. Habríamos de estar en busca de aquellos hombres que tanto hemos ignorado, ellos pueden ser la fundación y el sentido perdido que tanto necesitamos para reestructurar este país. Si la memoria no me engaña trancribiré aquel verso de Leon Felipe; “Para enterrar a un muerto, cualquiera, !cualquiera¡ menos un sepulturero.” y yo diría que para escribir la historia cualquiera, !cualquiera¡ menos un historiador. Ya nos han desgraciado lo suficiente con su propagandismo y servilismo del poder en turno.

UN AMIGO QUE TE ESCRIBIÓ ARRIBA, PIENSA IGUAL QUE YO. LOS QUE SABEN ESCRIBIR BIEN, ARRIESGANDO CONCLUSIONES QUE PUEDAN OFUSCAR A LOS QUE NOS OFUSCAN, TIENEN LA OBLIGACIÓN DE NO PARAR.!APLAUSOS, AMIGO!CARMEN LA CUENTACUENTOS.

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