Diálogo Nacional por la Educación en Colima

Todo lo que se haga en favor de la educación mexicana en este momento es encomiable. La educación es el agente fundamental del cambio de nuestro país, no hay otro que lo rebase en importancia, así que si no queremos continuar con los hechos de barbarie que se suceden un día sí y otro también a lo largo y ancho de México, como el recientemente sucedido en Iguala, Guerrero, donde 43 normalistas están desaparecidos y, muy probablemente, no vuelvan a aparecer sino muertos, tenemos que alentar la transformación educativa en todos los niveles y ámbitos, incluido el maternal y preescolar, que es donde los seres humanos adquieren los sedimentos que los definirán, en el porvenir, como buenos o malos ciudadanos.

Por eso el Diálogo Nacional por la Educación que se celebró el pasado miércoles y jueves en nuestra entidad, y cuya organización involucra al Gobierno del Estado, el Senado de la República, la Universidad de Colima, el Instituto Tecnológico de Colima, además de a representativas organizaciones empresariales, es un esfuerzo que debería constituirse como parte de la agenda anual de nuestro Estado porque en él se enfatiza un aspecto esencial para el bienestar social: el vínculo que existe entre la adquisición del saber (la educación) y su aplicación (en los sectores productivos).

En esencia, se estudia para (entre otras cosas) adquirir ciertas capacidades (intelectuales, físicas, etcétera) que nos permitan insertarnos en la vida laboral de la sociedad en la que vivimos, con el fin no sólo de obtener los medios de subsistencia personal sino, además, de contribuir al desarrollo de dicha comunidad. Pero si este vínculo no existe, entonces no es posible ni lo uno (la sobrevivencia individual) ni lo otro (la mejora social), de forma que lo único que puede esperarse es el retraso o la ruina.

Según datos de la OCDE, existen en México actualmente más de dos millones y medio de desempleados, habiendo aumentado de 9.2 a 9.5 por ciento la tasa de desempleo entre jóvenes mexicanos de 15 a 24 años, sólo de julio a agosto, así que no será un reto fácil para nuestro país poderle regresar a los jóvenes la esperanza si, aparte de darles una educación de calidad, no les ofrecemos sanos sectores productivos, regidos por instituciones democráticas y alentado por políticas públicas justas, pues de otra manera todo esfuerzo será en vano. El futuro de Colima y del país, pues, tiene que tener a la educación como columna vertebral de su progreso. Y nada más.

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