Diputados sin ley

El diputado federal Leoncio Morán se equivoca. No se equivoca al, digamos, pedirle al Ejecutivo estatal transparencia en el manejo de los dineros públicos. No, en eso no se equivoca. Lo puede hacer él y lo puede hacer, incluso, mi tía Ernestina. Se equivoca al instigar a la población a no pagar la tenencia. Que un luchador social de esos que andan a salto de mata instigue a la ciudadanía a no pagar la tenencia, o a tumbar la puerta de hierro de la casa de gobierno, o a jalarle los pelos al presidente, no está mal, es parte de su ser y de su función como luchador de esos que andan a salto de mata. Pero que un político, y más aún, un diputado federal, representante legítimo y voz autorizada de la ciudadanía, instigue a la sociedad a que quebrante nuestro estado de Derecho a través de acciones que se parecen mucho a la de los luchadores sociales que andan a salto de mata, me parece errático, sobre todo porque no dijo nunca esta boca es mía cuando la presidenta municipal de Villa de Álvarez subió descocadamente los pagos del predial hace no menos de un mes. El diputado federal Leoncio Morán, entonces, ¿qué debe hacer? Debe dar el ejemplo. Debe, con el ejemplo, decirle a la ciudadanía que México es un estado de leyes y que para dirimir cualquier tipo de conflicto entre sociedad y Gobierno hay instituciones. Para eso están. Para eso se formaron. Si el diputado federal Leoncio Morán, y todos los diputados o senadores del norte y del sur, no creen en las instituciones mexicanas, ni en nuestro estado de Derecho, entonces tampoco creen en la sociedad que las avaló, y por qué no decirlo, ayudó a conformarlas. Y si no cree en esa sociedad que instiga, tampoco cree en él. De veras: tampoco cree en él.

Ecos de la Costa

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1 comentario en “Diputados sin ley”

Víctor Hugo Alarcón 4 febrero ,2010 a las 1:58 pm

Y qué hacer cuando las instituciones son un mal necesario?

Quizá callarse y cooperar sea la solución prudente, no me malinterpretes, no simpatizo con el diputado ni lo justifico, pero las instituciones no resuelven nada.

De hecho, la inconformidad, mediocridad, vulgaridad y pobreza de ciertos sectores de la población parecen ser un mal necesario, así como los gobiernos que abusan de la demagogia.

Si, son un mal necesario, y nosotros también, que no somos políticos pero analizamos a la clase política, nos reímos de ella y al final, seguimos pagando nuestros impuestos, la única diferencia es que lo hacemos con conocimiento de causa…

y mientras partimos a nuestro propio Canán.

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