Dos indígenas y una demagoga

Irma López Aurelio

Su nombre es Irma López Aurelio. Tiene 29 años. Es una indígena mazateca. Casada y con dos hijos. El pasado dos de octubre caminó más de una hora, junto con su esposo, a la clínica médica del poblado de San Felipe Jalapa de Díaz. Iba embarazada. Y así, embarazada, bajó de la montaña donde vivía, en una casa con una sola habitación. Llegó a la clínica, ya con los dolores del parto, y una enfermera le indicó que no era tiempo aún de parir.

Le pidió que saliera de la clínica y le instruyó que caminara. Ya la vería el doctor la mañana siguiente. Irma López Aurelio, de 29 años, indígena mazateca, casada y con dos hijos, salió de la clínica, insufribles ya sobre su vientre los dolores de parto. Hora y media después de rumiar los alrededores del jardín de la clínica se le rompió la fuente. El único apoyo que tuvo fue un mazacote de tierra con pasto, al que se aferraron sus uñas. Parió ahí mismo: sobre el césped. El cuerpecito del niño cayó sobre su costado izquierdo, en el pasto.

 

La imagen que dio la vuelta al mundo lo muestra con la misma expresión de dolor de su madre, las quijadas trabadas y los ojos desorbitados, un hilo sanguinolento su cordón umbilical. Lo llamaron Salvador, porque, según su madre, pudo salvarse así mismo. La misma enfermera que le ordenara salir de la clínica fue la que la obligó a pagar treinta pesos por los servicios que nunca recibió.

 

Alberto Patishtán

Mientras Irma López, de 29 años, indígena mazateca, madre ahora de tres hijos, volvía a su casa de una sola habitación en la montaña al norte de Oaxaca, un poco más al sur, en Chiapas, Alberto Patishtán, indígena tzotzil, con trece años de injusticias sobre la espalda, declara que “su conciencia está limpia y que esa es su libertad”, luego de que el Tribunal Colegiado de Chiapas denegara el último recurso de reconocimiento de inocencia, quedando vigente su condena de sesenta años de cárcel por el supuesto asesinato de siete policías, en una emboscada de la que presuntamente formó parte.

 

Amnistía Internacional mantiene campaña en favor de la liberación del maestro tzotzil, pero sin éxito. El PRD ha pedido su liberación, también sin éxito. La comunidad intelectual mexicana y extranjera ha pedido un indulto, sin éxito también.

 

Alberto Patishtán, de 42 años, criado por su madre y sus abuelos, sufre todavía las consecuencias de un tumor cerebral que le extirparon hace un año y que, según él, es el resultado de la injusticia perpetrada en su contra.

 

Rosario Robles

 

Hace unos días, la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, al referirse a los habitantes de las comunidades indígenas, sobre todo de las del sur del país, declaró: “son sujetos plenos de derechos, no clientelas (…), son ciudadanos de primer nivel, con derechos y así los estamos considerando”.

 

Sin palabras.

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