El chaleco de la motocicleta II

Lo primero que hizo el gobernador Mario Anguiano al volver de Corea fue abrir el diálogo que los legisladores habían prácticamente cerrado con los motociclistas colimenses, derivado de la “Ley Chaleco”. Esta apertura cambió, para bien, el rumbo de los acontecimientos, pues el mandatario estatal sabe que cuando un reclamo popular es auténtico (no como el de los falsos huelguistas universitarios que ahora se lamen las heridas porque, como lo ha afirmado recientemente el rector, no lograron los “acuerdos en lo oscurito” que ansiaban), no hay ley que pueda permanecer incólume. Lo ha dicho lúcidamente el propio Bertrand Russell: “La ley es casi impotente cuando no está sostenida por el sentimiento público, como se pudo ver en los Estados Unidos durante el prohibicionismo, o en Irlanda en 1880, cuando los rebeldes tenían la simpatía de la mayoría de la población. En consecuencia, la ley, como fuerza efectiva, depende de la opinión y del sentimiento más que de los poderes de la policía. El grado de sentimiento en favor de una ley es una de las características más importantes de una comunidad”. Yo creo que es difícil rebatir este contundente razonamiento. Por eso ha hecho bien el gobernador  del estado en alentar el diálogo y en abrirle canales a los diferendos para poder de esta manera llegar a la solución más pertinente. Si no existieran otras vías para mejorar la seguridad de nuestro estado, entonces la “Ley del Chaleco” tendría que imponerse como única solución, y así lo tendrían que entender los grupos disidentes, pero ya se vio que en el foro organizado en el Congreso del Estado ayer los mismos representantes de los clubes de motociclistas expusieron soluciones alternas y viables, ante las cuales sería arbitrario pasar indiferentes. El diputado García Arias ha acusado a sus pares de otras facciones partidistas de crear esta polémica con fines electoreros. No dudo de que en parte lleve razón, pues esos mismos legisladores no nos han sorprendido con iniciativas más genuinas que la “Ley Chaleco”, lo que quiere decir que es poco su interés sobre el tema, pero en este momento se debe estar por encima de los egos políticos partidistas y personales y ponerse a la altura, como lo dijo Russell, del “sentimiento público”, que a esta ley le es adverso. De otra forma, sería lamentable que los costos de las rencillas partidistas sean pagados por la población, que ahora, parece, teme más de lo que debe.

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