El chaleco de la motocicleta

Que una persona tenga que salir de su casa con un chaleco antibalas, un casco blindado, unos pantalones con malla de fierro, unas botas aceradas y un escudo es la mejor señal de que esa persona no vive en una sociedad sana. Lo mismo nos lo indica el incremento de topes, la puesta indiscriminada de semáforos y, obviamente, la implementación de más normas y reglamentos cuyo objetivo es, paradójicamente, mejorar la convivencia social. No se piense que la creación de todo esto indica el arribo a un nivel más alto de civilidad, al contrario: confirma, solamente, su descomposición. La sociedad perfecta, lo decía Rousseau en el Contrato social, y mucho antes Platón en La república, es aquella en la que no existe la legislación, pues para qué necesitamos una legislación ahí en donde todos los ciudadanos actúan correctamente. Siempre será mejor que el ciudadano actúe bien por sí mismo (porque tiene conciencia de ello, porque fue educado para ello) a que se le imponga una conducta, pues no hay cosa más fatigosa que hacer algo que va contra nuestro juicio, aun cuando estemos convencidos de que éste es perverso. Además, todas las leyes tienen como principio la costumbre y, obviamente, el sentido común, de la cual deriva. Si esto no se observa, ninguna ley cumplirá su encomienda. Tomando en cuenta todo lo anterior, la nueva ley de transporte que obliga a los motociclistas de Colima a portar un chaleco que contenga en el mismo el número de placa es, por donde se le vea, una promulgación errática. Y lo es no sólo porque carece de sentido común sino porque, derivado de esto, se ciega a las consecuencias futuras. Si los fines realmente estarán encaminados a fortalecer la seguridad en el Estado (por los crímenes que usualmente se cometen en estos medios de transporte), ejemplos sobrarían para derribar tal argumento, sobre todo si consideramos que si para algo tenemos ingenio en México es para violar la ley o no respetarla, así que seguramente después sabremos que ese motociclista que asesinó a tal peatón o conductor llevaba un chaleco y una motocicleta robada y el conductor real apareció muerto o amordazado, horas después, debajo de un puente. Si los legisladores realmente quieren hacer algo por la seguridad social de nuestro Estado, entonces que promulguen leyes que ayuden a incrementar la creación de empleos, fortalecer el campo y la industria, mejorar nuestras instituciones educativas y, por supuesto, vigorizar nuestro estado de Derecho, de esta forma el uso del chaleco sólo se llevará a cabo con fines de esparcimiento. Lo mejor, pues, que puede hacer nuestro congreso local es derogar lo que acaba de promulgar, poner un poco más de ingenio y buscar otras formas menos grotescas para lograr la paz social. Es de humanos equivocarse.

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2 comentarios en “El chaleco de la motocicleta”

Ahi esta !!! Bola de burros, que solo van a calentar el asiento

Totalmente de acuerdo contigo. Si por casualidad eres uno de los consejeros del gobierno del Estado o una persona cercana al gobernador del estado de Colima, sóplales el oído para que den marcha atrás a esta ridícula imposición avalada por el Congreso. Que no te extrañe sea una vía para obtener recursos ante las próximas elecciones, o, recuperar los recursos que dejaron de obtenerse tras la eliminación del pago de la tenencia, que al parecer fue del total desagrado de Mario Anguiano Moreno

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